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Reggio

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26 Mayo 2007

Falso y verdadero, de Juan Neira en El Comercio

EN la campaña electoral se ha hablado de educación y sanidad. La postura de los socialistas en ambas materias es bien conocida: tenemos la red sanitaria mejor valorada por los usuarios de toda la fronda autonómica y nuestros escolares, en las diversas etapas educativas, alcanzan los mejores resultados de aprovechamiento académico, o lo que es lo mismo, el fracaso escolar es un daño minimizado. Con un par.

Por el contrario, la oposición asegura que la red pública de la sanidad está saturada y aboga por derivar los enfermos a centros privados, con remite de factura; en cuanto a la educación, el líder del PP no se cree los resultados que ofrecen los gestores de la enseñanza, porque dice que están maquillados por directrices políticas. Moción de censura a la educación y la sanidad.

¿Cuál es la realidad? Es muy probable que la educación y la atención sanitaria del Principado soporten cualquier comparación con sus homólogas de otras comunidades autónomas. Pero yo creo que no sea ese el baremo que hay que utilizar para valorarlas, porque la masa de usurarios con la que trabajan ambas redes, educativa y sanitaria, no se parece en nada a la de la mayoría de las comunidades autónomas.

En Asturias hay la mitad de niños, entre los seis y los dieciséis años, de los que había hace quince años. En esas condiciones no cabe conformarse con reducir el fracaso escolar, porque habría que rozar la excelencia. Con unas plantillas de profesores sobredimensionadas (un profesor por cada ocho alumnos), por mucha desestructuración familiar que haya, los resultados académicos deberían ser mucho mejores. El problema en la educación tendría que darse en Madrid o Barcelona, con aulas atiborradas de niños procedentes de seis u ocho países, pero no en Asturias. La situación para la educación es Asturias es objetivamente más favorable que nunca: gran dotación de medios (humanos y materiales) y menos educandos que nunca.

En la sanidad, también la situación es favorable para Asturias, con algunos matices. El tamaño de la población está estancado, aunque la presión asistencial ha aumentado por el envejecimiento de la clientela. De todas formas, tenemos una red hospitalaria muy fuerte, con trece hospitales financiados por el Principado, acompañados de 78 centros de salud. ¿En qué otra región hay una red de equipamientos sanitarios semejante por millón de habitantes? Las dificultades para la atención sanitaria deberían darse en Madrid, que tiene 900.000 cartillas sanitarias más que hace ocho años, o en Cataluña. Aunque en esta última comunidad autónoma, por el simple hecho de estar gobernada por nacionalistas durante 25 años, tiene ya todo tipo de problemas: autovías degradadas, barracones convertidos en aulas y edificios hospitalarios envejecidos. Y una enorme senyera tapándolo todo.

Llegados a este punto, toca preguntarse por qué en Asturias los resultados en la educación y la sanidad no son todo lo bueno que sería deseable. Una anécdota nos pone sobre la pista de lo que sucede. Hace unos días, en las Noticias de Canal 10, se presentaba un reportaje sobre el uso avanzado de las nuevas tecnologías en un centro de Educación Infantil de Gijón (Gloria Fuertes). El consejero de Educación, José Luis Riopedre, que visitaba el centro, señalaba alborozado que la clave estaba en el compromiso del profesorado con los programas de la Consejería para introducir las TIC hasta en aulas de niños de tres o cuatro años. Pues bien, lo que en determinados centros se logra por el impulso voluntario y altruista de los profesionales, no es posible generalizarlo por falta de empatía entre el profesorado y el Principado. En la Sanidad ocurre otro tanto.

El capital de la Educación y la Sanidad está en los recursos humanos, y sin una complicidad entre los responsables políticos y un sector amplio de los profesionales de la Sanidad y la Educación no se puede avanzar. No basta con aceptar las reivindicaciones sindicales sobre el reconocimiento de la carrera profesional, hace falta diseñar objetivos que ilusionen a la gente que trabaja en el sector. En los años ochenta del siglo pasado, con un poder autonómico incipiente, y sin haber asumido las competencias en sanidad y educación, había más compromiso con la sanidad y enseñanza pública, por parte de los profesionales, que en la actualidad. Al final, el problema de la sanidad y la educación es más político de lo que muestran las apariencias, y pasa por levantar una 'new deal', que vaya más allá de aumentar el gasto público en los Presupuestos.

Tags: juan neira

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