EL RUNRÚN

El lunes, el enviado especial a Cannes, Jordi Picatoste, explicaba en las páginas de Cultura que Roman Polanski abandonó la rueda de prensa de presentación de la película Chacun son cinéma.Es una película hecha a base de fragmentos, cada uno rodado por un director distinto. Estaban ahí una treintena de los autores: Wim Wenders, los hermanos Coen, Theo Angelopoulos, Abbas Kiarostami, Nanni Moretti, el mismo Polanski... En un momento dado, Polanski se hartó de las preguntas de los periodistas y les dijo: "Ésta es una oportunidad única: grandes directores sentados ante críticos y periodistas. Es una vergüenza tener que contestar a preguntas tan vacías. Y creo que la culpa la tiene internet, que os ha rebajado a ese nivel. Ya no os interesa lo que pasa en el cine, simplemente transferís la información. Francamente, vale más que nos vayamos todos a comer". Se levantó y se largó.

¿Hizo bien, Polanski? ¿Fue un arrebato de vedetismo, como he leído en algunos diarios, de aquí y del extranjero? Para mí no está claro. En El Periódico veo algunas de las preguntas que le hicieron en aquella rueda de prensa, las que provocaron su hartazgo. "¿Qué opina de la irrupción del cine en internet?" "¿Cuánto se tarda en hacer un cortometraje?" "¿Cuál será el futuro del cine?" "¿Por qué no hay ningún filme árabe en competición?" "¿Por qué ha escogido una historia de entretenimiento?" A Jane Campion le preguntaron: "¿Cómo se siente al ser la única mujer directora en esta película?". A Atom Egoyan: "¿Qué piensa de la situación de los armenios en Francia?"

Si usted es una persona mínimamente aficionada al cine y un día tuviese delante a Wenders, Polanski, Angelopoulos y los hermanos Coen (y así hasta treinta directores de primera) ¿les preguntaría esas chorradas? Eso lo preguntan los alumnos de bachillerato cuando acude a clase un escritor o un director de cine y los profesores les dicen que hagan preguntas. Y es disculpable esa vacuidad porque aún son estudiantes. El problema es que la diferencia entre el estudiante y el licenciado es cada vez menor, tanto que a menudo resulta imperceptible. Y sobre lo de internet también tiene razón Polanski. Antes, los profesionales se interesaban por aquellas cosas de las que hablaban. Pisaban la calle. Leían libros y revistas sobre los temas de los que, luego, tenían que escribir o preguntar: en una rueda de prensa, por ejemplo. Ahora no levantan el culo de la silla y el único recurso que se les ocurre para informarse es teclear en Google. ¿Utilizar la Encyclopaedia Britannica, por ejemplo, para verificar hechos y fechas? Vaya rollo. Lo buscan en las enciclopedias digitales, tipo Wikipedia, lugares donde el rigor demostrado hace que ninguno de esos nuevos tecleadores dude ni un momento de que - pongamos- la Guerra Civil española duró ocho años (de 1963 a 1965), tras el Alzamiento que comandaron los generales Sanjurjo, Mola y Franco Battiato, con la ayuda inestimable de Millán-Ashtray, fundador de la Legión Francesa e inventor del cenicero.

Antes, muchos decidían ser periodistas porque habían visto Lou Grant en la tele, y sus modelos eran Oriana Fallaci, Ibáñez Escofet, Indro Montanelli... Ahora han visto al reportero del bigote de Alguna pregunta més?,y su modelo de periodista está entre Andrés Montes y Jorge Javier Vázquez.