POR DEBAJO
A falta de emoción en Barcelona, donde parece que nada va a cambiar de forma significativa, la incertidumbre se traslada a Tarragona. Los dos principales líderes catalanes, el president Montilla y Mas, cerrarán esta noche la campaña electoral del PSC y de CiU, respectivamente, en Tarragona. La decisión no es baladí.CiU se juega el domingo perder la única capital de provincia catalana en la que gobierna, aunque sea gracias a un pacto con el PP, y el PSC puede hacer un pleno total si las previsiones de las encuestas se cumplen, ya que parece asegurado que mantendrá Barcelona, Lleida y Girona. Si hacemos caso a los sondeos, el socialista Josep Fèlix Ballesteros podría elegir para gobernar la opción del tripartito o la sociovergencia, ya que CiU difícilmente podrá sumar ni con el PP ni con ERC, cuyo candidato, Sergi de los Ríos, se ha dejado querer por unos y otros durante la campaña.En cualquier caso, todo hace indicar que Ballesteros será alcalde, superando al convergente Joan Aregio, que sustituye al histórico Joan Miquel Nadal. A diferencia de lo que suelen hacer los socialistas, Nadal no ha cedido la Alcaldía a Aregio unos meses antes de las elecciones, pese a que anunció hace tiempo que no optaría a la reelección, lo que ha impedido al alcaldable de CiU beneficiarse de una promoción financiada por las arcas municipales, como sí ha hecho, por ejemplo, Jordi Hereu en Barcelona. CiU perderá la Alcaldía, si se confirman los sondeos, por haber permitido que, durante 18 años, Nadal gobernara la ciudad como un cacique.En estas dos décadas, desde que Nadal arrebató el Consistorio al socialista Josep Maria Recasens gracias a una moción de censura apoyada por el PP y el CDS, la dirección de CiU ha mirado hacia otro lado cuando se les hablaba del caso Eroski, que además de un suculento pelotazo urbanístico supuso la pédida de restos visigóticos, o de Terres Cavades, que comportó la dimisión del concejal de Urbanismo. La pérdida de Tarragona sería una auténtica catástrofe para CiU, cuyo futuro quedaría a merced de que PSOE o PP necesitaran de apoyos para gobernar tras las elecciones generales de 2008. Además, con la pérdida de candidatos en pequeños municipios, que se han pasado al PSC o a ERC gracias a las promesas de inversión presuntamente realizadas por los consellers Nadal y Puigcercós, lo cierto es que CiU también puede quedarse sin las diputaciones de Lleida, Tarragona y Girona, una fuente de poder que también le provocaría graves problemas. Estas elecciones son decisivas para el futuro inmediato de CiU y la primera y más importante batalla que tiene que librar es la de Tarragona, aunque se presenta a las urnas sin poder haber superado el lastre de Nadal.
ferran.boiza@elmundo.es
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