CANELA FINA
Si el País Vasco no hubiera padecido 30 años de terrorismo, asesinatos, coacciones, violencia urbana, kale borroka, secuestros, chantajes revolucionarios, manipulación de las ikastolas, las universidades y los medios de comunicación públicos, hoy Batasuna, brazo político de Eta, no estaría respaldada ni por el 2% del electorado. La dictadura del miedo ha enviado al exilio a centenares de miles de ciudadanos vascos y coaccionado a una parte considerable de los que no se han ido y que no quieren estar en el punto de mira de Eta. Todo esto se hace extensible a una parte de Navarra.
Elecciones libres, pues, en toda España el próximo domingo, salvo en las provincias vascongadas. Somos pocos los que denunciamos este hecho incontrovertible. No importa. Hay que hacerlo. Algunos no estamos dispuestos a comulgar con las ruedas moliendas del hacha y la serpiente. Tres décadas de dictadura del miedo han trasformado las elecciones vascas, al menos en gran parte, en una auténtica farsa. Eta, a través de la máscara que sea, concurre a las elecciones con la pistola sobre la urna, con el voto condicionado por 30 años de crímenes y atrocidades.
Me niego a aceptar el resultado electoral en el País Vasco como me negué siempre a tragarme las farsas de Franco, que también hacía elecciones y referendos y la gente, bajo la coacción de la dictadura, acudía a las urnas y votaba mayoritariamente lo que complacía al dictador.
Zapatero pudo ser el sepulcro de Eta que quedó moribunda tras la última legislatura de Aznar. En lugar de dar el golpe de gracia a la banda, lo que hizo el presidente por accidente fue resucitarla. Hoy está envalentonada, encabritada, sabedora de que condiciona al Gobierno central, de que tiene a su presidente genuflexo ante la serpiente terrorista. Mientras firmaba el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, Zapatero, con el cinismo que le caracteriza, con la frivolidad y la ligereza del ludópata político, negociaba ya con Eta y contraía compromisos anticonstitucionales que la banda empieza ahora a sacar a la luz. Los embustes del líder socialista, una vela a la Constitución y otra al demonio etarra, están desenmascarados, pero, a través de los medios adictos y los tertulianos domesticados, Zapatero sigue intoxicando a la opinión pública con una reiteración y una tenacidad alarmantes. ¿Adónde nos lleva este insensato?
Pero regresemos al punto de partida de la canela fina de hoy, preelectoral y alarmada. Las elecciones en España son libres y sus resultados, democráticamente irreprochables. Salvo en el País Vasco. En aquellas provincias cada día más queridas, la dictadura del miedo ha privado a lo largo de 30 años de la libertad de elegir. El voto está condicionado por el miedo y también por la manipulación de la educación y los medios de comunicación. Se ha intoxicado hasta la náusea. Y, además, ahora, en plena campaña electoral, Eta-Batasuna ha desencadenado la violencia, incluso física, contra los candidatos y candidatas de otros partidos, sin que Zapatero abra la boca porque lo ha consentido todo. Vencedor el PP o triunfante el PSOE, habrá que aceptar democráticamente los resultados en todas las provincias españolas. En las del País Vasco, no. Allí no hay libertad auténtica de elección.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.
© Mundinteractivos, S.A.

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