DIARIO DE CAMPAÑA

Estorbos. «Los ex presidentes somos como los jarrones chinos en apartamentos pequeños, se nos considera valiosos, pero estorbamos y nadie sabe dónde colocarnos». Felipe González está tan orgulloso de esta metáfora sobre sí mismo que la repite en mítines, entrevistas, actos públicos, cenas y conversaciones de café. En realidad, el hallazgo no es completamente suyo. Lo tomó del PRI mexicano. Una vez que el presidente hacía uso del dedazo para elegir a su sucesor en la Silla del Aguila, porque el PRI ganaba todas las elecciones, nadie sabía qué hacer con el cesante.

Adolescencia. En España tenemos cuatro jarrones chinos de ese tipo. Y el único que al salir de La Moncloa supo inmediatamente donde colocarse fue Leopoldo Calvo-Sotelo, que estuvo poco tiempo. Adolfo Suárez vagó unos años como alma en pena por el CDS antes de entrar en la Historia como un estadista. Felipe González no se recuperó del trauma de haber perdido las elecciones frente a un hombre a quien despreciaba como José María Aznar hasta que éste hizo las maletas para salir de La Moncloa. Al último ex presidente se le cayó el cielo encima cuando apenas le quedaban tres días para entrar en la gloria y desde entonces vive sin vivir en él. Ha vuelto a la adolescencia de larga cabellera y seguramente no se le pasará hasta que Zapatero -a quien no considera digno de ocupar el puesto que él ocupó- haga las maletas para salir de La Moncloa. A ser posible, cargado de oprobio.

El dolor. Desde el punto de vista psicológico, hay que comprender a los ex presidentes. El dolor que sienten debe de ser parecido al de verse expulsado de la casa paterna para que un intruso ocupe la cama y se quede con todo. Un trago tan amargo no se pasa así como así y hay veces que requiere tratamiento. Ya sorprendía que Aznar estuviera tan calladito y moderado en esta campaña electoral. Sus fans le echaban de menos y él no ha querido defraudarles. En Calatayud se despachó contra Zapatero.

Guerra Civil. Mariano Rajoy tomó el avión el martes para ir a Valencia cansado -porque lleva un tute- pero contento, ante la previsión de una plaza de toros a rebosar porque en la Comunidad Valenciana el PP es mucho PP. En efecto, la plaza estaba llena, pero antes tuvo ocasión de leer las palabras del presidente de honor del partido. Vaya, ya nos ha chafado la fiesta y le ha dado una de las pocas alegrías de la campaña a Pepe Blanco, pensaron muchos en su equipo.

Por cierto, según la doctrina Aznar que creíamos vigente, la Guerra Civil acabó la noche del 12 de marzo de 2000, cuando el PP ganó las elecciones por mayoría absoluta. Al menos eso es lo que le dijo a todo el mundo. Claro que entonces era otro Aznar. ¿O no?

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