TRIBUNA

Las aguas de la investigación andan algo revueltas en Catalunya. Se cuestiona el presupuesto dedicado a investigación y hasta la misma organización de la conselleria correspondiente. En mi opinión, los dos grandes retos pendientes son la constitución de una masa crítica de investigadores de excelencia en ámbitos en los que somos y podemos ser competitivos internacionalmente y que las pymes catalanas pongan la innovación en el centro de su estrategia. Sin lo primero nunca constituiremos agrupaciones de empresas en la primera línea tecnológica, sin lo segundo, el tejido empresarial no podrá competir con los productores internacionales de bajo coste.

Para conseguirlo se necesita, en primer lugar, un cambio en la organización de la universidad y de muchos de los centros de investigación, pasando de un modelo burocrático a uno donde los investigadores tengan incentivos para estar en la frontera del conocimiento y con instituciones apropiadas que ayuden a transferirlo a las empresas. En segundo lugar, es necesario un apoyo público continuado a la investigación enfocado principalmente a los centros que hayan cambiado el modelo organizativo. La responsabilidad de los centros que viven del subsidio público - de los impuestos de los contribuyentes- es muy grande, y hay que asegurar que se gasta adecuadamente. Esta financiación además debe ser dada de forma transparente y mediante subasta de proyectos competitivos evaluados por comités de científicos internacionales. Éste no ha sido el caso en el pasado.

En tercer lugar, hay que romper con la desconfianza entre el sector público y el privado. Las empresas ven a la universidad con reticencia y lo mismo pasa al revés. De hecho, ni tan siquiera los centros privados están en igualdad de condiciones con los públicos para acceder a los fondos y programas de contratación de investigadores en Catalunya. El binomio investigación-innovación no funcionará mientras la cooperación entre el sector público y el privado no sea efectiva. El ejemplo de cooperación público-privado en Finlandia es paradigmático. El papel de puente que pueden jugar las escuelas de negocio en Barcelona, que lideran rankings internacionales y gozan de la confianza del sector privado, puede ser crucial. En cuarto lugar, hay que incrementar el grado de competencia en los servicios, donde la aplicación de las tecnologías de la información puede aumentar mucho su productividad. Más competencia fomentaría la innovación y adopción de nuevas tecnologías.

Finalmente, hay que pensar en el modelo organizativo de la gestión global de la investigación y la innovación. Es una buena idea que universidades, ciencia, innovación y empresa estén en una misma conselleria, siempre que se garantice una gestión eficaz de los distintos ámbitos. Que ésta misma conselleria abarque comercio y turismo no parece razonable por cuestiones de eficacia. Una gestión ágil y con perspectiva a largo plazo se podría conseguir con una agencia independiente de gestión de la ciencia y tecnología que cristalizase un pacto por la investigación entre todas las fuerzas políticas y sociales. Un compromiso de estas características sería una garantía de futuro.

XAVIER VIVES, profesor y director académico del Centro Sector Público-Sector Privado de IESE y profesor de la UPF.