VICIOS DE LA CORTE

Antena 3 ha elegido al español de la Historia y ha ganado el Rey Juan Carlos. El programa, presentado por Matías Prats y Susanna Griso, se basó en una macroencuesta. Entre reyes, héroes, genios, santos y poetas, quedó en segundo lugar Miguel de Cervantes, al que le pagaban cuatro maravedíes por folio y murió como un mendigo después de pasarse la vida «disparando infinita artillería rompían los vientos y hacía crujir a las galeras».

El pobre ex combatiente al que el rey nunca hizo merced, está rodeado en la encuesta por la familia real. La gente de izquierdas o republicana -Picasso, octavo- no alcanza ni siquiera la clasificación de la UEFA.

Cuando pienso en el español, pienso en el hombre desconocido, ese miliciano de Robert Capa, que cae en el frente con el fusil en la mano. Dicen que la foto fue un montaje, pero qué es la Historia sino un montaje, una sucesión de degollinas y fabulaciones. Según el marido de Josefina, Tácito sólo ha escrito novelas.

No ha ganado el español que luchó en Rocroi y perdió la vida en el frente de Gandesa; el que gritó «Tierra», que era como el 'Beni de Cádiz'; tampoco Cascorro, inclusero que murió con un sombrero de paja en la Guerra de Cuba. No ha triunfado esa «gente humillada y despreciada de reyes, condeduques e inocencios» de la que habla un poeta. Anibal atravesó los Alpes, pero nada cuentan de los honderos ni de los que acompañaron a Cabeza de Vaca, a Ponce de León, a Balboa, con las barcas al hombro, aquellos aventureros que llevaron a América los caballos, los gallos y el trigo, semidioses que debieron ser cantados por Homero o Virgilio. Yo creo que Cabeza de Vaca es tan errabundo, tan astuto y tan valiente como Ulises, y los que atacaron Roma -«donde la puta roja tanto residió»- cuando el Saco, eran más feroces que los hunos de Atila.

Han salido pocos compatriotas de la diáspora, y ninguno de aquellos emigrantes a los que les cambiaban los nombres y apellidos en las atarazanas; desesperados, que, según Cervantes, se embarcaban en Cádiz para ir a las Indias y una de las señales que tenían para entender que habían pasado la línea equinoccial, es que a todos los que iban en el navío se les morían los piojos, sin que les quedara ninguno. «Aderezaban su matolaje y una mortaja de esparto cuando medían con su coraje los 360 grados que contiene el globo de agua y de la tierra, según Ptolomeo». Maquiavelo elogia a César porque no conoció a Hernán Cortes.

No han aflorado los que combatieron por las constituciones y las libertades. Ni Garcilaso, que vivió desterrado por el emperador Carlos V en una isla cercana al Danubio, ni Quevedo tiritando de frío, casi ciego, llagado su cuerpo de úlceras malignas, en el penal de San Marcos. Pocos heterodoxos, pocos torralbas, pocos servets, pocos republicanos, ningún enciclopedista.

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