POR DEBAJO

Uno de los grandes ejes de las últimas campañas del PP en Cataluña, tanto en el referéndum del Estatut, como en las autonómicas del 1 de noviembre, e incluso en las próximas municipales, consistía en traer a Cataluña a los más viscerales defensores de la línea dura del partido, los del recurso al Constitucional, los que amenazaban con la ruptura de España, los que denunciaban que los españoles de bien están perseguidos en Cataluña, para lograr una reacción precisamente en el bando contrario. Las manifestaciones de los autodenominados antifascistas, de juventudes independentistas, y de cualquier amigo de la bronca que pasara por allí se convertían en la mejor propaganda electoral para el PP.

No sólo en Cataluña, donde movilizaban a su residual pero sólida parroquia, sentía que lo que denunciaban sus dirigentes políticos pero que ellos no percibían en la calle, debía de ser cierto, sino en el resto de España, donde los populares se presentan como una fuerza perseguida y marginada en Cataluña, que convierte en heroica la propia militancia.

Sorprendentemente, el presidente nacional del partido, Mariano Rajoy, nunca ha sido objeto de los actos de sabotaje más salvaje.Sin embargo, el invitado que ayer acompañaba a Alberto Fernández, candidato a a Alcaldía de Barcelona, el secretario general del partido, Angel Acebes, sea por su gestión en el Ministerio del Interior entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 o por la visión unitaria, uniforme, más bien, única y monolingüe de la que suele hacer gala en sus intervenciones en el Congreso de los Diputados en su calidad de portavoz parlamentario del grupo popular, siempre despierta pasiones. Manifestaciones, caceroladas, empujones y zarandeos entre la comitiva del PP y los que se oponían a la presencia de Acebes han sido habituales en los últimos meses.

Tal vez sea por la propia personalidad del candidato del PP a la Alcaldía de Barcelona, Alberto Fernández, es un rostro conocido desde hace muchos años en Barcelona y, aunque todo el mundo sabe que es un pepero de pro, hasta sus más acérrimos enemigos respetan y aprecian a un político al que en ocasiones pierden los excesos verbales, pero sin el cual sería difícil entender la política barcelonesa y catalana de los últimos años. Si ayer no hubo bronca que justificara grandes titulares fue porque el protagonista de la velada era Alberto Fernández, un tipo próximo aunque sea de derechas, mientras que el papel de Angel Acebes no era garantizar que el mensaje del partido se cumplía a rajatabla sino dar fe del apoyo del PP al candidato.

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