Cuando truena Polanco tiembla el Grupo Prisa, y el viejo patrón, tocado como está y cabreado con medio mundo y sobre todo con la obligación de apoyar la flagrante incompetencia y frivolidad de Zapatero, echa rayos y centellas por la boca e impone su particular ira e imperio del terror en los medios del grupo, que ya no son lo que eran —están en baja— porque han perdido audiencia, influencia y credibilidad. Y no sólo por su obligada condición de prensa gubernamental, que siempre resta, sino por la pérdida de calidad y porque Zapatero les ha metido en su coto privado y terreno tradicional de la izquierda a un nuevo grupo competidor, los de La Sexta, que además están estudiando la posibilidad de sacar un periódico popular izquierdista, que se llamaría El Público, para bajarle los humos a Polanco y apretarle desde ese flanco zurdo de la información los humos a El País.

Algo, lo del periódico, que aún no está claro porque entre los promotores de La Sexta hay divergencias, a pesar de que desde la Moncloa se empuja la idea sin cesar. Pero estos juegos malabares de Zapatero, que disfruta metiéndose en el mundo de la comunicación —como todos los presidentes— tienen sus riesgos porque podrían, un día de éstos, desencadenar las iras de Polanco y eso sería políticamente mortal para Zapatero, y para el PSOE, aunque el lema de Prisa suele ser el de: “todo menos que el PP regrese al poder”.

En estas estamos cuando hemos asistido a un acto de furia de Polanco, a propósito del ataque personal de Miguel Sebastián al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, amigo del conocido editor. El diario El País dio la noticia en portada, sin más, hasta que suponemos que habló Gallardón con Polanco y éste se enfureció y dio orden a su flota de atacar a Sebastián sin piedad. E inmediatamente la SER se puso en marcha a todas horas diciendo que había sido una infamia, luego llegó el programa cómico de La Cuatro, que presenta un furioso Gabilondo como si fuera un telediario, y al final El País hubo de rectificar y de dieron un garrotazo editorial implacable al ex jefe de la Oficina Económica de Zapatero. Un presidente que, a su vez, se enfadó, lo que obligó luego a Prisa a modular y medio rectificar su crítica ante el asombro y la indignación de los periodistas que allí habitan.

El mejor ejemplo de la locura de Polanco y del desvarío de Prisa está, precisamente en el programa de Gabilondo, que se ha pasado al toreo tremendista y que ha inventado el telediario bronca, todos los días a palos con el PP. El del pasado viernes fue apoteósico en rectificaciones y en sus garrotazos a Rajoy, del que dijo que debía salir en su mítines acompañado de un etarra con capucha, por destacar el PP que Gara ha desvelado las reuniones del PSOE con Batasuna. Y todo ello después de rectificar parte del garrotazo que le había dado a Miguel Sebastián el día anterior, y de sufrir la humillación de tener reconocer que uno de los pájaros corruptores del vídeo sobre la corrupción en el pueblo de Sisante (Cuenca) —emitido el pasado jueves por La Cuatro— ¡era del PSOE!, cuando el propio Gabilondo lo había presentado como una corrupción del PP. Otro caso más, como el del pretendido falso paralítico en una manifestación antiterrorista del PP, donde el furioso famoso locutor quedó como la chata.

¿Qué está pasando en Prisa para que sus estrellas de la comunicación se estrellen con tanta facilidad? ¿Están dedicados Cebrián, González y su amigo el mexicano Slim a dar un golpe de mano en el accionariado? ¿Qué pasará con la sucesión de Polanco? ¿Perderá El País su liderazgo a manos de Pedro J., su mayor enemigo? ¿Perderá Zapatero las elecciones a pesar de las ayudas de Prisa? ¿Se comerá el deporte de La Sexta las locuras de La Cuatro? Estas y otras interrogantes inundan las redacciones y los despachos del Grupo Prisa, mientras se sucede el desconcierto, los errores, los cambios de humor del patrón, la pérdida del olfato y del sentido del rumbo, camino de no se sabe a dónde.

No estamos diciendo que el Grupo Prisa esté en la ruina, o que no tenga influencia ni poder. Estamos diciendo que ha iniciado una acelerada y peligrosa decadencia por una pendiente donde, una vez que se enfila su tramo más inclinado, luego es muy difícil rectificar y subir. Y los últimos acontecimientos así lo prueban. Y sólo hay que estar atentos a los detalles y golpes de timón del grupo y de sus medios para empezar a comprender que algo está pasando y que no son pequeños incidentes de recorrido sino una pérdida de rumbo y de liderazgo que hace tan sólo un par de años nadie podía imaginar. Y menos aún con el PSOE en el poder.