LA encuesta de intención de voto publicada ayer por EL COMERCIO suscita inmediatas reacciones entre la clase política. Los dos candidatos de la izquierda, Vicente Álvarez Areces y Jesús Iglesias, coinciden en señalar que el sondeo deja claro que el PP no va a gobernar. Un juicio que pide ser matizado. Digamos para empezar que es la primera vez que los líderes de la izquierda se conforman con decir que la derecha no va a gobernar, porque ya no están en condiciones de afirmar de manera rotunda que el PP no va a ganar las elecciones. Se conforman los candidatos del PSOE e IU con que la derecha quede por debajo de los 23 escaños que le daría la mayoría absoluta de la Junta General del Principado.

Según el trabajo de demoscopia de la empresa de Invesmark, el PP va a ganar por un estrecho margen de votos las elecciones, quedando a dos escaños de obtener una mayoría de gobierno, pero el sondeo es la foto de un momento concreto, cuando todavía faltaban muchos días para la celebración de las elecciones. Hace falta saber cuál es la progresión del voto de los partidos en campaña. A falta de datos concretos, la pista nos la puede dar el repunte del debate nacional sobre terrorismo, con esas tremendas declaraciones de Batasuna dando datos y fechas sobre reuniones de primavera con emisarios del Gobierno de Zapatero. Ovidio Sánchez ya se ha cogido a ese filón, y habla más de terrorismo que de retrasos en la ejecución de las infraestructuras.

A la izquierda le quedan cinco días para retomar la iniciativa. A IU no se le puede pedir más. Creo que está realizando una campaña perfecta, dado los medios que tiene y el tirón de sus principales dirigentes. El recurso de la manzana merece un premio, porque da ese toque de izquierda alternativa, ecologista, asturianista e informal que nos hace olvidar el discurso antiguo de la mayoría de las resoluciones de la dirección de IU. En las primeras semanas de mayo supieron desmarcarse del PSOE, tomando como pretexto la construcción del embalse de Caleao y la oficialidad de la llingua, y mantienen intactas sus expectativas electorales. El ejemplo más claro de ello es que el sondeo de Invesmark les otorga dos ediles en Oviedo, los mismos que tenían en el anterior mandato, de modo que no acusarían la crisis creada con la expulsión de 'Rivi' y Celso Miranda, sus anteriores concejales.

Del que se espera otro registro en campaña es del PSOE. Hoy llega Zapatero a Oviedo y es un buen momento para aportar algo nuevo. Con las encuestas arrojando más incertidumbre que nunca los nervios están a flor de piel, pero los socialistas deberían evitar tentaciones fáciles, como entrar en un intercambio de descalificaciones con Ovidio Sánchez y los dirigentes del PP, porque el campo embarrado no propicia la movilización de su electorado.

La otra tentación de todo político en campaña es la subasta de premios, que implica tratar al elector como menor de edad, como niño gratificado por caramelos. Ni cruce de declaraciones con Ovidio Sánchez ni asignación de recursos económicos para colectivos concretos. Los socialistas deben hacer visibles dos cosas: infraestructuras y el cambio en energía con sus inversiones.

Para lo primero necesitan a Zapatero, que tiene que decir hoy algo en Oviedo, como hizo Álvarez-Cascos ante la campaña de las elecciones generales del 2000, cuando presentó el metrotrén. De la energía deberían ocuparse Areces y Javier Fernández. Si no saben decir lo obvio, el problema no estaría en los programas ni en la derecha, sino en la incapacidad para hacer ver a la gente que saben hacer algo más que cebar el gasto corriente.