En algunos ministerios cercanos al área económica, cuando se conocen los informes del Fondo Monetario Internacional se grita... ¡Anatema! Se recuerda siempre que el organismo está siendo dirigido por el ex ministro de Economía del PP, Rodrigo Rato, que tantos golpes -parlamentarios- dio a los socialistas.
Rato sigue siendo considerado armamento pesado del PP, igual que Francisco Álvarez Cascos, aunque el ex ministro de Economía no ha entrado en campaña tal y como lo ha hecho un reverdecido Cascos, que volvió a subirse a un estrado para sacudir la badana a la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. Eso es harto peligroso por que te pueden recordar tu paso por el citado ministerio y entre el Prestige y el Ave podríamos salir pintiparados.
En el caso de Rato, al que últimamente sólo se ve por España cuando recibe premios, homenajes del PP -como el de este invierno- o da conferencias, resulta que ha vuelto a provocar susceptibilidades con el último informe al tocar un asunto que forma parte del argumentario del Partido Popular.
El Fondo Monetario Internacional en su último estudio, conocido el viernes, advierte al Gobierno para que no se duerma en los laureles sobre los peligros de una caída del consumo en caso de que el sector inmobiliario se ralentice, a la vista del alto endeudamiento de las familias y un panorama de tipos de interés al alza. Hasta aquí todo conocido y lógico.
Uno más Santo Tomás entre una retahíla de informes de la ultima semana que hablaban y alertaban sobre la moderación del sector inmobiliario, desde Morgan Stanley hasta el Banco de España. Pero además dedicaba un apartado especial a la independencia de los organismos reguladores. Eso es un capón directamente a la cabeza de Zapatero, primero, de Solbes después y, tercero, de Sebastián, convertido estos días en el pim pam pum del PP por su osadía con la Corulla y Gallardón.
Pues bien, aunque en el FMI se ha insistido en que es la segunda ocasión en la que en el capítulo de reformas y rigideces del mercado, el organismo exige una mayor independencia del Ejecutivo de las agencias reguladores, véase CNMV y CNE.
Independientemente de que la crítica es acertada y desde esta columna hemos solicitado semejante cambio, también es cierto que en la etapa de Rodrigo Rato nada se hizo a este respecto, sino todo lo contrario y no recordamos que el FMI dijera nada en relación con el pilotaje y el dedazo del Gobierno en los nombramientos, así como en los informes preceptivos sobre determinadas operaciones energéticas de la época de organismos supuestamente independientes.
Se suma de este modo el FMI a los organismos que no dudan en entrar en determinados asuntos internos de España mientras que en otros países no se atreven. Lo hemos visto con la Comisión Europea que entró a saco contra España por el descaro del Gobierno en el asunto Endesa, pero no movió un músculo con Francia en el affaire Suez-Gaz de France.
Estamos a la espera de oír algo de parte del BM o el FMI relacionado con las subvenciones de los Estados Unidos a los agricultores o las ayudas a las acerías. Tampoco hemos visto que el organismo se haya apresurado a decir nada del intervencionismo de países como Francia e Italia, amén de España, en el ámbito empresarial, especialmente en el energético o el bancario. Menos aún con relación a las intenciones de Sarkozy de domeñar al Banco Central Europeo o al mismísimo Banco Central de Holanda frunciendo el ceño por la entrada de Santander, Royal y Fortis en puja por ABN.
Estos asuntos considerados, por lo general, soberanos y de consumo interno, tanto es así que la CNMV y la dimisión de Conthe, con la intervención del Gobierno en el asunto Endesa, son parte del argumentario del PP y resulta raro que sean referidos por organismos internacionales.
La presencia de Rato en el FMI hace que las susceptibilidades se disparen, sobre todo cuando el Fondo no se centra tanto en asuntos similares en países más poderosos. Así que el FMI puede decir lo que quiera pero tampoco puede dar clases a nadie de independencia, igual que el BM, donde además la confianza se ha quebrado tras el paso de Wolfo, que por fin se ha ido por cierto con una suculenta derrama y sin que nadie se atreva a tocar a su novia, del Departamento de Estado.
Sin duda la gran concentración de préstamos y el aumento del crédito obliga al Banco de España a ser vigilante con el endeudamiento, según el FMI, pero de ahí a exigir más independencia de los órganos reguladores hay un paso, sobre todo en época electoral.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados