Ahora que estamos a punto de estrenar el tramo de autovía más caro de cuantos discurren por Asturias, estaría bien que alguno de los políticos en campaña introdujera en sus mítines el debate sobre los impuestos. Pero el debate de verdad, no el de la mera promesa de rebajas impositivas más o menos generalizadas. Por Francia, durante la pasada campaña electoral, circuló un manifiesto con el expresivo título de "Por qué aceptamos los impuestos. Una iniciativa para abandonar la visión reinante de los impuestos como un castigo y para luchar contra la demagogia fiscal de esta campaña electoral". En unos meses logró la firma de 40.000 personas, con el ex presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors al frente. Comparado con los 58 millones de franceses, es una minucia, pero, teniendo en cuenta que se trata de reivindicar impuestos, es una cifra digna. El argumento es que, con ellos, compramos todos los derechos que podemos exigir. Como dice el periodista Joaquín Estefanía, "lejos de ser una obstrucción a la libertad, son una condición necesaria de su existencia". No es un discurso que dé votos y por ello no se escucha en los mítines. Los políticos en campaña prefieren aprovechar el individualismo al que tiende el ser humano para lograr nuestro voto a cambio de mejoras para nuestro pueblo, nuestro gremio o nuestro problema. Al grito de " qué hay de lo mío?" nos olvidamos del interés general. Todo muy nuestro, pero nuestro voto, al fin y al cabo, vale lo que todos los demás y sirve de muy poco si no se suma al resto. Como los impuestos.
Nacho Monserrat. Periodista.

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