Uno de los datos que revelan las encuestas que se están publicando en estos días sobre las elecciones en curso es la caída de prestigio de los primeros líderes políticos nacionales, Zapatero y Rajoy. Lo del presidente del PP no es nuevo porque nunca, desde el inicio de la legislatura, ha conseguido obtener una buena valoración por encima del suspenso. Pero sorprende que, después de los muchos errores del Gobierno y del presidente, Rajoy no haya conseguido mejorar sus posiciones personales, ni siquiera al ritmo de la recuperación lenta de su propio partido.
Rajoy permanece, pues, en la zona del suspenso claro e incluso por detrás de otros líderes de su partido como Aguirre o Gallardón, pero también por detrás de Zapatero, presidente del Gobierno que en su primera legislatura ha sufrido un severo desgaste de imagen y de credibilidad. Algo inusual porque en España, quien disfruta del poder y con mayor motivo en tiempo de bonanza económica, lo normal es que el presidente mejore su posición y su notoriedad. Sobre todo después de las tensiones creadas por Aznar y de las expectativas que provocó la llegada al poder de Zapatero y la que fue su primera decisión, la retirada de las tropas de Irak.
Pero el presidente Zapatero se ha metido solo en la boca del lobo y en vez de llevar a un país que había salido tenso y dividido de la masacre islámica de Madrid, hacia puntos de encuentro y de reconciliación, se dedicó a aumentar las heridas, abrió el portón de la reforma autonómica, se fue en solitario a negociar con ETA, se estrelló en Cataluña y con el atentado de Barajas, y ha transmitido una imagen de incompetencia política y de clara temeridad que poco a poco va calando en los ciudadanos, a pesar de que su primer adversario, Rajoy, no es precisamente un líder muy apreciado.
Y no es mayor el desgaste de Zapatero gracias al muro televisivo, todas las cadenas nacionales, que lo protegen de sus graves errores, de ahí que sea en las grandes ciudades donde los ciudadanos están más informados donde el presidente ha ido perdiendo apoyos, mientras mantiene su prestigio en las pequeñas poblaciones y ámbito rural, con su discurso populista y pacifista.
A Zapatero le ayuda más la fuerza del PSOE que su propio liderazgo y eso que se ha quedado a solas – con Pepiño Blanco – al frente del partido, una vez que, uno a uno, fue eliminado a los barones socialistas de los primeros planos de la política nacional – González, Guerra, Bono, Ibarra, Vázquez, Redondo, Leguina, etc - . Y algo parecido le ocurre a Rajoy, pero con la diferencia de que, aunque el tirón electoral del PP es superior al del líder, en este caso otros dirigentes autonómicos como Gallardón, Camps, Aguirre y Arenas si tienen protagonismo nacional y en la mayoría de los casos están todos ellos mejor valorados que Rajoy.
Sin embargo la encuesta verdadera, la que va a medir el prestigio y el nivel de los liderazgos de Zapatero y Rajoy va a ser la del recuento de votos de las elecciones municipales del próximo domingo. Ahí se va a conocer cómo están, de verdad, las cosas de la política, partidos y líderes incluidos. Y de ese definitivo test se van a desprender, con seguridad, consecuencias políticas importantes de aquí a las elecciones generales de marzo de 2008. De manera que sólo nos queda esperar seis días para obtener la primera radiografía certera del cuerpo electoral nacional. Los sondeos de opinión preelectoral detectan, por ahora, síntomas de debilidad en el gobierno y en la oposición, pero el verdadero diagnóstico son los ciudadanos los que lo deben dar.

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