SECRETOS Y MENTIRAS

Recién constituido el primer tripartito, el viceprimer secretario del PSC, Miquel Iceta, se atrevió a aseverar que, en los próximos años, aquella amalgama de partidos de izquierda se convertiría en el nuevo eje de la realidad catalana.

Para cuando Jordi Pujol disolvió el Parlament de Catalunya y convocó las terceras elecciones autonómicas democráticas desde la muerte del general Franco en 1988, buena parte de la misión que se había encomendado a la tierna edad de 12 años y que quería controlar con mano de hierro estaba cumplida. La legendaria o real revelación que recibió Pujol en 1942 tras ascender a la cima del Tagamanent junto a su tío Narcís y pudo ver una Cataluña destruida por la guerra y hundida por la derrota le persiguió durante toda su vida. Pujol es un político nato y tuvo la clarividencia de crear un movimiento nacional para la reconstrucción del país.Dos legislaturas, ocho años, bastaron a Pujol para que Cataluña recuperara parte de su orgullo nacional, un fenómeno al que no era ajeno el partido-movimiento fundado por Pujol en 1974, Convergència Democràtica de Catalunya, y, dos años más tarde con la fusión por absorción de la democracia cristiana catalana al crear las siglas CiU, aún vigentes, aunque en forma de federación.

Pero, además, Pujol quiso asegurarse que en la nueva Cataluña renacida, CiU tenía un papel esencial, vertebrador de la nueva realidad nacional. El de pal de paller (en catalán palo del pajar), el eje alrededor del cual debía girar toda la nueva realidad catalana. El electorado lo percibió y avaló a Pujol con la segunda de sus tres aplastantes mayorías absolutas. En 1988, Pujol consiguió, primero cuatro y luego otros cuatro años para solidificar el pal de paller y asegurarse de que el pajar sólo iba a estar controlado por Convergència i Unió. Con una política gaullista -conocer profundamente el territorio y asegurarse de que sus líderes le prometían lealtad antes de que las propias instituciones existieran- Pujol se hizo dueño absoluto del territorio. El electorado lo sabía. Eran los años en los que el mito aseguraba que tanto el magnate José Felipe Bertrán de Caralt como su chófer votaban a Pujol porque sólo CiU aseguraba una Cataluña desvinculada de los grandes partidos españoles.

Es conocida la fascinación que siempre ha sentido Pujol por el periodista y político populista de la Segunda República Alejandro Lerroux. No por su ideario político, nada más alejado del de Pujol, sino por su capacidad para organizar el Partido Radical y conseguir fundir en algo que parecía una sola cosa las instituciones que controlaba con su propia persona y su propia formación político.No en vano, Pujol captó al único intelectual de altura no marxista de Cataluña, el doctor Joan B. Culla, reconocido historiador y cuya tesis doctoral no versaba sobre otra cosa que Alejandro Lerroux, su partido y su papel en la Guerra Civil Española.

Pujol casi llegó más lejos que Lerroux al intentar conquistar a los miembros de la Administración para CiU. Si no fuera por su carácter marcado católico antimarxista, se diría que a la hora de controlar la sociedad civil catalana había llegado a practicar el entrismo trotskista. Al fin y al cabo, su partido, Convergència Democràtica, tiene una estructura de partido marxista-leninista.

Lerrouxismo o entrismo, lo cierto es que Pujol siempre ha sido un visionario y que procede directamente de la agitación política antifranquista. Para él, los instrumentos carecen de ideología, sólo son medios, las ideas, el modelo, es el fin. Parte de los excelentes resultados electorados cosechados por CiU tras la retirada de Pujol se deben a su consagración a la construcción del pal de paller.

Un político de la inteligencia y la sutileza -retorcida a veces, sí- del viceprimer secretario del PSC, Miquel Iceta, es de los pocos que han utilizado la terminología del nuevo líder aplicada a sus propios partidos. Por poco que les guste, Pujol es el padre político de la actual generación de políticos catalanes, de casi todas las ideologías. Por lo tanto, recién constituido el primer tripartito, Iceta se atrevió a afirmar que, en los próximos años, aquella amalgama de partidos de izquierda iba a ser el nuevo pal de paller de la sociedad catalana.

Pero Iceta no es el único hijo político de Pujol. Joan Puigcercós, flamante conseller de Governació, tiene a su disposición como titular de esa cartera un potente instrumento de cara a las elecciones municipales que se celebrarán el 27 de mayo de 2007. Se trata del Pla Unic d'Obres i Serveis de Catalunya (PUOSC), que subvenciona inversiones en obras y servicios de competencia municipal. Puigcercós puede arrebatarle a otros partidos -sobre todo a Convergència i Unió- multitud de candidaturas en pueblos pequeños por esa vía.

En muchos municipios no existe pugna electoral en los comicios locales: se presenta una única lista, y de ella salen todos los concejales del ayuntamiento. CiU, que presume de implantación en el territorio, se preocupó durante los 23 años que duró su mandato al frente de la Generalitat de conseguir que en muchos de esos pueblos la única candidatura fuera la de la federación nacionalista. Pero esas listas podrían cambiar de siglas si Puigcercós actúa a partir de ahora como diversas fuentes conocedoras del mundo municipal sospechan.

Además de subvencionar obras y servicios en estos municipios, el PUOSC actúa en realidad como un cajón de sastre donde se incluyen multitud de minipartidas económicas que sirven para pequeñas actuaciones: construir una rotonda o acondicionar un casal d'avis, por ejemplo. Esto hace que algunos pueblos puedan cambiar de manos porque, simplemente, a sus convecinos les interesa que quien controla las subvenciones esté más dispuesto a invertir el dinero en ese municipio que en el de al lado.

Según la normativa, «se consideran inversiones las obras de primer establecimiento y las actuaciones destinadas a la implantación de servicios públicos municipales, la renovación total de inmuebles o de servicios ya existentes, las obras de rehabilitación, la ampliación de obras y servicios que represente una extensión de su ámbito o de su número de usuarios o de beneficiarios, y las adquisiciones de activos patrimoniales inventariables, siempre que afecten a una obra o servicio o se destinen a la promoción o el fomento de actividades de las entidades locales».

Por lo tanto, en Cataluña, lo que se juega el próximo domingo no es sólo si la operación Hereu ha sido un éxito que dejará a Trias en la oposición y dejará el Ayuntamiento de Barcelona 32 años en manos de los socialistas, sino si CiU verá peligrar su cuenta de resultados tras perder Tarragona y una parte significativa de los pequeños ayuntamientos con derecho a diputado provincial.

felix.martinez@elmundo.es

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