¿Y la tercera toalla?, de Manuel Trallero en La Vanguardia
EL RUNRÚN
Un rotativo deportivo barcelonés ha lanzado una oferta consistente en un juego de toallas en color azul con el escudo de FC Barcelona y remata la faena de aliño diciendo que el susodicho juego de toallas no puede faltar en el cuarto de baño de todo culé que se precie de tal. Estoy perfectamente de acuerdo en que ningún seguidor del Barça puede vivir sin su correspondiente juego de toallas, como no puede hacerlo sin su gorro, su bufanda y así hasta el infinito. Al seguidor del Barça le pueden colocar perfectamente parcelas en el desierto del Sahara siempre y cuando, eso sí, lleven convenientemente pintados a rayas los colores azul y grana. Hasta aquí, pues, ninguna sorpresa. Lo curioso y sorprendente del caso es que la oferta comercial incluye una toalla grande, lo que bien podríamos considerar una toalla de baño, más una toalla de las que llamaríamos de manos. Si ustedes tienen la ocurrencia de adquirir un juego de toallas,nunca les darán dos toallas sino tres. La de baño, la de las manos... y la del bidet. Pero por lo visto no era de recibo que la gent blaugrana procediera al secado de ciertas partes supuestamente impúdicas de la anatomía humana restregándolas, nada más y nada menos, que con el escudo de la entidad que fundó el señor Gamper, quien amén de suizo era protestante. Así que la toalla de bidet ha desaparecido del kit del buen aficionado azulgrana como de hecho ha desaparecido de la mentalidad del buen catalán.En Catalunya, por lo visto, no rige aquello de que todos tenemos cabeza, tronco y extremidades. No señor, los catalanes y las catalanas, sobre todo si son seguidores del Barça, pasan olímpicamente del bidet, lo cual visto desde lejos parece una guarrería, hasta el punto de que una amiga mía argentina aseguró solemnemente que ella no practicaría nunca el sexo oral en Catalunya.
Quien fue durante muchos años mi médico de cabecera, el llorado doctor Jordi Gol, quien además de médico era persona por raro que parezca, inició su intervención en un congreso de médicos catalanes en Perpiñán, aún en plena clandestinidad, afirmando que el principal problema de la sanidad catalana era que el personal utilizaba poco o nada el bidet. El escándalo fue mayúsculo, pero Gol tenía toda la razón del mundo utilizando el bidet como metáfora. Ahora vas al médico a explicarle que crees haber sufrido una angina de pecho y el médico en lugar de hablar contigo se pone a hablar con el ordenador como si ello te fuera a curar. Amí ya no me extraña nada desde que el señor Laporta se bajó los pantalones en un control de seguridad del aeropuerto y se quedó mismamente en calzoncillos: cuando un presidente del FC Barcelona se queda de esa guisa, no hay ningún género de dudas de que acto seguido puede decir que ve al equipo en condiciones de ganar los siete títulos que disputa - de momento ha perdido sólo seis- o que prefiere al Liverpool, que es rival más flojo, cuando el Liverpool se ha plantado en la final. En fin, que los seguidores del Barça se han quedado sin un puñetero título, con su presidente luciendo los calzoncillos y a su cuñado franquista, y sin toalla para el bidet. Creo sinceramente que la relación entre todo eso es clara, sólo hace falta buscarla. Eso sí, de buen rollete y con la vuelta del honor perdido.
