La Terraza
El pasado miércoles, la sección de Cultura de este diario abría con un bonito titular: "Sin noticias de Frankfurt". A cinco meses de la famosa Feria del Libro, Josep Massot y Justo Barranco se preguntaban si habrá escritores catalanes de expresión castellana en la Feria de Frankfurt, en la que, como es sabido, la invitada de honor de este año es "la cultura catalana". Massot y Barranco se preguntaban cómo encajar a Vila-Matas, Mendoza, Cercas o Marsé, como piden los alemanes, "que no quieren ni oír hablar de polémicas fundamentalistas". Ninguno de los cuatro escritores mencionados -igual que Ignacio Vidal-Folch, Rosa Regàs, Carlos Ruiz Zafón e Ildefonso Falcones-, al ser preguntados por La Vanguardia, dijo haber recibido invitación alguna de carácter institucional. Pues bien, el mismo día en que este diario daba esa información, uno de esos escritores recibía una llamada en la que se le preguntaba si no tendría inconveniente en ir a almorzar con el señor Josep Bargalló, director del Institut Ramon Llull, que es el encargado de organizar todo lo referente a la representación oficial de "la cultura catalana" en la Feria del Libro de Frankfurt.
Así que todo parece indicar que al menos uno de esos escritores -yo pienso que serán más, que habrá, si no las ha habido ya, otras llamadas, otros almuerzos- será oficialmente invitado a la feria. Otra cosa es que el escritor en cuestión acepte o no la invitación. Dicho esto, me pregunto qué papel representará este escritor catalán en lengua castellana, en qué se concretará la supuesta invitación. Podría ser que le invitasen a participar en un espectáculo que prepara Joan Ollé sobre ocho siglos de cultura catalana en el que, según leo en este diario, "quiere involucrar a Ferran Adrià, Mendoza y Vila-Matas para que lean textos de literatura catalana". Y también podría ser que le invitasen a participar en un debate sobre "Barcelona, ciudad literaria", que está previsto se celebre "con escritores que han escrito sobre Barcelona, en la lengua que sea".
Yo no he estado nunca en la Feria del Libro de Frankfurt, un foro al que básicamente acuden los editores y los agentes literarios para hacer negocios, y donde los escritores pintan muy poco. Mi amigo Juan Marsé, que sí que estuvo una vez, me dice que es un coñazo, que se aburrió muchísimo, salvo cuando participó en una mesa y uno de los espectadores le preguntó por qué no estaba presente don Camilo José Cela, el cual, según la opinión del espectador, debía presidir esa mesa, y mi amigo le respondió que el señor Cela no había podido acudir a Frankfurt porque aquel mismo día estaba inaugurando una parada de autobús en la capital de España (era en la época en la que el señor Cela se dedicaba a inaugurar cosas, cobrando, claro está).
Según me contaba Marsé, el público y sus compañeros de mesa se quedaron la mar de sorprendidos, pero unos instantes después todos se echaron a reír. Así que en Frankfurt también puede uno divertirse.
Si yo fuese el señor Bargalló, no me lo pensaría dos veces y, dado que la invitada es "la cultura catalana", enviaría a Frankfurt todo lo que tuviese a mano, de la cultureta a laculturassa, en catalán y en castellano, todo aquello que pueda hacerle gracia a los alemanes. Y en este sentido, no me limitaría a hacer recitar a Ferran Adrià un poema de Foix o de Martí Pol, sino que le exigiría que cocinase la mismísima vaca cega. Es lo que me dijo el presidente Montilla: "En Frankfurt vale todo, siempre que sea de calidad". Y yo me pregunto, ¿por qué entre los actos previstos para mostrar la cultura catalana a los alemanes no se ha incluido un partido entre el Barça y el Espanyol? ¿Acaso esos dos clubs de fútbol no forman parte de nuestra cultura? Si habrá libros, como supongo, sobre la historia del Barça y sus penas y glorias, ¿por qué no enfrentarlo con uno de sus eternos rivales, en un campo donde se bailen sardanas, actúen los castellers y se despida por enésima vez Lluís Llach?
Yo he recibido un par de noticias de Frankfurt, ambas relacionadas con escritos de mi padre. Una es que van a traducir al alemán su novela Vida privada. La editorial es, según me dice el editor catalán, pequeña, pero buena, vamos, que editan libros de una cierta calidad. Lo divertido del caso es que sólo pueden pagarme 150 euros, lo cual es una miseria y más en el caso, harto probable, de que cuenten con una subvención de la Generalitat. Les he dicho que sí, porque si la traducción es buena, como así espero, podré regalar un ejemplar a algún amigo alemán. Esa misma novela ya había sido traducida al francés hace unos años. Entonces compré unos ejemplares en una librería de París para también regalarlos a unos amigos. Jamás me presentaron una liquidación y hoy el libro ya debe de estar descatalogado. La otra noticia es que van a publicar un artículo de mi padre en un libro cuyo título es Willkommen Katalonien, un libro editado por Jaume Subirana. El artículo en cuestión es del tiempo del general Primo de Rivera y en él se habla del catalán como lengua perseguida. El libro tiene 320 páginas y se vende al precio de 9,50 euros. El tiraje inicial es de 15.000 ejemplares. Me ofrecen 50 euros. Les he dicho que sí, aunque no los cobraré, porque tendría que mandar un montón de datos a dos direcciones, una en Munich, a la editorial, y otra en Colonia, al agente literario, y me da mucha pereza, amén de que el franqueo va por mi cuenta.
Y mientras Frankfurt es noticia y levanta polémicas, a una semana de las elecciones los candidatos a la alcaldía apenas abordan el tema de la cultura catalana, de la cultura en Barcelona, capital de Catalunya. En el debate del viernes en TV3, moderado por Josep Cuní, los alcaldables hablaron prácticamente de todo menos de cultura. En mis conversaciones con los candidatos, sólo uno, Jordi Hereu, se interesó por el tema. En concreto sobre el tema del teatro. Y fue el propio Hereu quien lo sacó. Y no sólo sobre el teatro propiamente dicho, sino también la ópera, los musicales, la revista... Hablamos del Grec y de la posibilidad de incrementar y seleccionar la oferta de espectáculos susceptibles de atraer un turismo de calidad. Espectáculos en catalán, en castellano y en otras lenguas. Barcelona, con el Liceu, el Nacional, el Lliure, el Tívoli de los Balañá, el nuevo Goya que dirigirá Pou; con el nuevo Molino, con el nuevo Arnau, que estará dentro de la órbita municipal; con Focus, con el proyecto de montar un circo estable en la ciudad, etcétera, etcétera, tendría que ser un referente entre las capitales del espectáculo en Europa. Y luego está la danza. Y no debería limitarse a producir espectáculos, sino a coproducirlos, a coproducir más con otros teatros nacionales y extranjeros. Tengo curiosidad por ver, si sale elegido Hereu, si se repite el tripartito, como todo parece indicar, cómo se desenvuelve el Grec con su nuevo director.
Hablando de teatro, recuerdo un almuerzo con Domènec Reixach y Sergi Belbel, el pasado año, antes de las Navidades, en que les dije que el Teatre Nacional de Catalunya debía estar presente en Frankfurt. Que la Feria del Libro era una ocasión magnífica para iniciar la presencia de nuestro teatro en el extranjero, una de las asignaturas pendientes del Nacional, como reconoció Reixach en su despedida como director del TNC. Les dije que la tradición brechtiana del teatro barcelonés, con tan buenos directores y traductores, podría ser una buena carta de presentación. Y con gran sorpresa por mi parte, Sergi Belbel, recién nombrado director del Nacional, se descolgó con la siguiente frase: "¿Tú crees que el Nacional tiene que ir a Frankfurt?". Pues sí, lo creía y lo sigo creyendo, y estoy satisfecho de que al fin vaya.
P. S. La señora Cécilia Sarkozy no se molestó el 6 de mayo en ir a votar a favor de su esposo. La primera dama de Francia es noticia porque el Journal du Dimanche, que intentó informar del desplante de la señora Sarkozy, ha sido obligado a callarse por su propio propietario, el señor Legardère, amigo íntimo del presidente de la República Francesa. Empezamos bien.

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