Papá Gabino, hermano Ovidio, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España
Pongamos que la majeza dieciochesca dio lugar -con matices, saltos y salvedades- a los chulapos madrileños del XIX. Así, el Santa Cruz galdosiano, que en nada se parece al Julián Sorel de Stendhal y, menos aún, a los atormentados personajes de Dostoievski. Pues bien, preguntémonos en qué devino la clariniana Vetusta de la etiqueta, previo paso por esa ulterior realidad que la imita, conocida como Oviedín del alma, donde también tiene cabida una notoria parte de la gauche divine, heredera en ilustres casos, hasta en lo genético, del rancio abolengo ovetense. El gran prodigio lampedusiano consiste en que, perdurando en lo fundamental el referido Oviedín del alma, hubo un salto cualitativo, en virtud del cual sus cabezas pensantes decidieron otorgar plenos poderes a un hombre en el que todo parece campechanía y llaneza, pero, eso sí, a su Oviedín, al que la candidata socialista llama rancio, que no se lo toquen. Majo de zarzuela, pero con acento asturiano. Y defensor entusiasta de la ley y el orden. Para pertrechar la etiqueta están otros que se encuentran, díganlo o no, en sus propias filas. ¡Qué tratado sociológico cabría hacer aquí, susceptible de producir -mil perdones- angustia ontológica! ¡Ay!
En la cartelería electoral, Gabino comparece como el gallo de la quintana astur. Ovidio tiene el papel de esforzado aprendiz. La gran duda metafísica -con perdón del adjetivo- es qué pasará con el entusiasta discípulo si no sale bien parado en el envite del 27 de mayo.
Papá Gabino sacó proteico su lista electoral, en donde se incorpora el solícito Mortera, tras tantos años de sacrificio por el bien común en las filas socialistas; donde también tiene acogida un clásico del asturianismo, como el señor Arias Cachero, todo un caballero en el trato personal, que contrastará sin duda con las formas tan chuscas y rudas del veterano Reinares.
Hermano Ovidio, que lo intenta por tercera vez. Moral no parece faltarle. Y, por mucho que tantos lo tilden de alma sencilla, ahí donde lo ven es toda una incógnita. Nada sabemos, por ejemplo, acerca de sus planes de reforma del Estatuto de Autonomía. Seguro que quiso ocultar su proyecto, dado que da por segura la victoria. Y, entonces, ¿a qué negociar antes de tiempo?
Papá Gabino, hermano Ovidio. Bicefalia política en el PP astur. O ¿acaso pensaban estos rojos socialistas que la única bicefalia era la suya, con Areces y con Javier Fernández?
¡Qué poderío el de papá Gabino! Anuncia ahora una era de losas y de nuevos planes de choque. Sobrado de todo, apoya a Ovidio, acompañándolo en las fotos de campaña. Hace en Madrid declaraciones de amor a la nuesa llingua llariega. Las previsiones de voto no sólo le auguran una nueva victoria segura, sino que, además, es posible incluso que mejore resultados anteriores.
¿Por qué no se aventura a optar a la Presidencia del Gobierno de Asturias? La respuesta podría estar -perdón- en la navaja de Ockam, asunto del que deben tener un profundo conocimiento tanto el señor Reinares como la concejala de Educación. No multipliquemos los entes sin necesidad. La naturaleza es ónticamente económica. ¿Dónde mejor que en Oviedo ¿Qué mayor logro que hacer de un escolín presidente de todas las Asturias?
Papá Gabino. Escolín Ovidio. ¡Seguro que Rajoy se fue emocionado tras contemplar la singularidad de semejante equipo, pedagógico donde los hubiere!
