M2 / CAMPAÑA ELECTORAL / FOTOMATON
Sabíamos que Miguel Sebastián podía armarse de urgencias de vodevil y hacerse la foto con un grifo roto o un cable suelto de las obras completas de Gallardón, que han convertido la M-30 en un monumento. Pero ya sabemos, por el escenón de plató de la otra noche, que Sebastián puede sacar también maneras de tertuliano del colorín, zona canallita, y apuntar al corazón de Gallardón con una foto de Montserrat Corulla preguntando si don Alberto tuvo o tiene alguna relación con imputados de la Operación Malaya. Pero no le sacó un retrato de José Antonio Roca o Isabel Pantoja, un suponer. El numerito es propio de Salsa Rosa. El numerito es que es un pasarse.
Le faltarán virtudes a Sebastián, no digo yo que no, pero afán de superación le sobra. Gallardón, que no se apasiona en tauromaquias, sí es fino torero de focos, y esquivó la estocada, que era más bien navajazo, definiendo lo de Sebastián como «desesperación». Uno cree, modestamente, que la desesperación bien pudiera tirar de otro álbum de fotos, o de otro pliego de datos, y no de estas artes sucias y difamatorias, más propias de los bachilleres de trifulca de Gran Hermano que de un aspirante a la Alcaldía del pueblo de Madrid.
La desesperación se repitió tres veces y Ruiz-Gallardón se creció en empaque. Es cierto que Gallardón y Corulla se conocen, pero ya en su día, allá por marzo, Miguel Angel Torres, juez instructor del caso Malaya, excluyó del sumario de la trama de corrupción las conversaciones grabadas entre Alberto y Montserrat, principal testaferro de Juan Antonio Roca, porque carecían «de interés jurídico». La Fiscalía Anticorrupción avaló enseguida el criterio. Al desesperado Sebastián estos datos o noticias no le constan, o se le han olvidado, si le constan, porque la foto de Montserrat Corulla sobraba en el debate, salvo para demostrar a la audiencia de la Uno que Roca prefirió una testaferro muy mona.
La Justicia ha dictado que lo de Ruiz-Gallardón y Corulla no tiene relevancia alguna, y por dos veces, pero Sebastián, que ya digo que se sobra a fondo en afanes de superación, insistió por tres veces en preguntar al respecto. Uno tiene ya una andadura en emboscadas de plató y otras tómbolas de cuchilleros, y sabe así que la cosa se pone jodida cuando un desesperado se empeña en hacernos la biografía en directo. Mayormente, si hay señorita de por medio. Sebastián va viendo lo que ya sabía: que a Gallardón le van a votar en abrumadora romería. A este paso, van a hacerle cola en los comicios hasta las acacias de la baronesa Thyssen, que Sebastián quiso sumar a su causa.
Cuando fallan las ideas y los datos, cuando falta la reflexión y la oratoria, se echa mano del póster de una testaferro tirando a mona, y no se logra nada, pero ganas una página más en los periódicos del día siguiente. Mal camino. Eso sí, el candidato Miguel Sebastián se va ganando el puesto de tertuliano del chisme, que últimamente está muy pluriempleado. Apuntó para el género malas maneras, que son las buenas. Aunque de lo de la Operación Malaya no vaya muy enterado, la verdad.
© Mundinteractivos, S.A.

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