Esta noche empieza en Samara, a orillas del Volga, una tensa cumbre entre la Unión Europea y Rusia. Dada la oposición de Lituania y Polonia, son nulas las posibilidades de que la presidenta de turno europea Angela Merkel y el presidente ruso Vladimir Putin abran negociaciones para un nuevo tratado EU-Rusia.

Lituania tilda el corte de suministro de petróleo ruso de intimidación política, y Rusia responde que "está reparando" el oleoducto. Desde el traslado en Tallín del monumento soviético al soldado desconocido –para algunos locales, el "violador desconocido"— las líneas férreas que unen Estonia con Rusia también han precisado urgente reparación y están cortadas. Añadamos los ataques a la Embajada estonia en Moscú, en clara violación del derecho internacional. Finalmente, Polonia aplica su veto para protestar el bloqueo ruso a las exportaciones polacas de alimentos.

Las tensiones se extienden al otro lado del Atlántico. Los sistemas anti-misiles que EE.UU. planea instalar en Polonia y la República Checa llevaron las relaciones con Rusia a nuevos mínimos la semana pasada cuando Vladimir Putin comparó Estados Unidos con el Tercer Reich.

Putin, agente del barbárico servicio secreto KGB durante la guerra fría, tiene la desfachatez de llamar nazis a los norteamericanos, quienes liberaron a Europa del totalitarismo hitleriano. Ahí donde llegó el Ejército Rojo se quedó como fuerza de ocupación por más de 40 años y siguió el totalitarismo. Putin debería hablar de los métodos que usaba en Dresde para mantener a los alemanes del Este bajo el yugo soviético. No eran muy diferentes a los de las SS: brutalidad y terror.

La Rusia de Putin se enerva con cada gesto de independencia de los antiguos dominios de la URSS, sobrerreacciona y se muestra agresiva. Y da más razones a quienes conocen su naturaleza imperial para buscar protección en las instituciones occidentales: la OTAN y, si se puede, la Unión Europea.

Polonia, Estonia, Lituania, la República Checa, Rumanía, Ucrania, Georgia, Moldavia, y hasta Bielorrusia han seriamente contrariado a Putin. Y los últimos cuatro países las pasan muchísimo más crudas porque están solos ante todas las Rusias; al menos, las Rusias que quedan desde la desaparición de la Unión Soviética, que Putin calificó en 2005 como "la mayor catástrofe geopolítica del siglo" (sic).

La Unión Europea no sólo ha cambiado la situación geoestratégica de sus nuevos miembros del Este. Éstos también la han cambiado a ella, frenando su tendencia natural a acomodarse al gigante euroasiático, socio indispensable por sus recursos energéticos y su pertenencia al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Polonia y Lituania empujaron a la UE a aplicar sanciones a Bielorrusia tras una farsa de elecciones perpetrada por el dictador entonces apoyado por el Kremlin. Y Polonia y Lituania otra vez desatan la crisis antes de la cumbre de Samara.

La libertad de prensa declina en la Rusia de Putin. El presidente ruso ha equiparado los comentarios críticos al extremismo. Asimismo, según él en Chechenia no hay guerra sino "operaciones anti-terroristas".

Una de las pocas voces con el coraje de denunciar los crímenes del Ejército ruso en Chechenia, Anna Politkovskaya, fue asesinada por un desconocido el pasado octubre. Putin dijo de la fallecida que su influencia en la vida política de Rusia era "mínima". En su libro "Putin's Russia" (la Rusia de Putin) Politkovskaya había expresado sus temores a que este presidente retrotrajera su país a la peor Unión Soviética de los años '70 y '80.

Todos nos sentimos retrotraídos a esos tiempos cuando el ex-espía exiliado en Londres Alexander Litvinenko, otro acérrimo opositor de Putin, fue envenenado con polonio radioactivo en noviembre.

Rusia es el país con más demandas pendientes ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo: más de 19.000. De hecho, las atrocidades en Chechenia han colapsado el Tribunal, pero Rusia pospone la firma de un protocolo que agilizaría los trámites judiciales. ¿Pá qué? ¿Para sufrir todavía más sentencias condenatorias?

Para cerrar, un breve apunte de actualidad. Hace unos días una empresa pantalla, tras la cual podría esconderse la estatal Gazprom, adquirió en subasta el último gran bloque de la confiscada petrolera Yukos. Mientras, su antiguo dueño Mijail Jodorovsky sigue pudriéndose en Siberia.

Ya lo decía el gran León Tolstoy: "El gobierno es una asociación de hombres que ejercen la violencia sobre el resto de nosotros".

La nueva Rusia asertiva de Putin es la vieja Rusia violenta de siempre.