En medio de su extraordinario éxito profesional, Coco Chanel vivía en una soledad extrema, habiendo fracasado en lo que más le importaba: su vida de mujer...". ¿Cómo, en una soledad extrema? Pero si tenía amistades a montones, entre ellas lo mejor del París de su época: Cocteau, Colette, Diaghilev; si no había fiesta, cena, estreno, baile de disfraces, al que no asistiera; si acompañaba a Churchill a cazar jabalíes (no está mal, para una niña criada en un orfanato de provincias)... ¿Cómo, que había fracasado en su vida de mujer? ¿Qué quiere decir eso? ¿Que no tuvo hijos? Jamás dio la menor muestra de desearlos. Lo que sí deseó fueron amantes, y amantes tuvo para dar y regalar, incluidos un guapísimo gran duque ruso exiliado, otro duque que era el hombre más rico de Inglaterra o un escenógrafo con el que vivió varios años y se habría casado si él no hubiera muerto prematuramente... Entonces, ¿por qué en su recién publicada biografía de Chanel dice la señora Edmonde Charles-Roux que la famosa modista había fracasado como mujer? Porque la ideología tiene una inercia que todo lo aplasta: se impone sobre la realidad, hasta cuando la realidad la contradice del modo más flagrante. No encuentro otra explicación.

Vean si no unos cuantos ejemplos, sacados de los periódicos. Un reportaje sobre las próximas elecciones municipales señala que en el País Vasco, cinco de las diez candidaturas a la alcaldía de las principales ciudades están encabezadas por mujeres; ¿y qué palabra usa para calificar esa situación? ¿"Paridad"? ¿"Igualdad"? ¿"Normalidad"? No: "matriarcado" (El Mundo,22/ IV/ 2007)... Un artículo sobre Tamara de Lempicka, de cuya obra se acaba de inaugurar una exposición en Vigo, se titula: La musa de los años locos (El País,19/ IV/ 2007). Que Lempicka fue pintora, no sólo es obvio, sino que es el motivo de la exposición; pero qué importa: en el mundo del arte, una mujer, por definición, sólo puede ser musa...

Ahora, sendos libros sobre Hillary Clinton y Ségolène Royal nos desvelan,qué sorpresa, que donde creíamos estar viendo a dos personas movidas por el afán de poder -y seguramente, claro está, tan egocéntricas, manipuladoras y mentirosas como puede serlo cualquier gran ambicioso-, lo que tenemos es a dos mujeres despechadas. En A woman in charge (una mujer al mando), Carl Bernstein explica la ambición política de Hillary como venganza por las infidelidades de Bill, y un mismo afán por idéntico motivo es lo que mueve a Ségolène según el recientemente publicado La femme fatale. Permítanme una salvedad: tal vez no es exactamente o solamente eso lo que dicen estos libros (no los he leído), pero sí es esto lo que la prensa nos dice que dicen estos libros. Se ha escrito incluso que Royal amenazó a Hollande, padre de sus cuatro hijos, con no dejarle ver a éstos si se oponía a su carrera hacia la presidencia, lo cual tiene bastante gracia teniendo en cuenta que los niños en cuestión tienen entre 15 y 21 años...

Pero ya sabíamos que una mujer, hasta cuando da la vida por sus ideas políticas, sigue siendo definida sólo por sus relaciones personales, como demostraba aquel bonito titular: "Un islamista, su mujer y su hermana mueren en un atentado suicida en El Cairo" (El Mundo,30/ IV/ 2005). Los tres eran igualmente islamistas e igualmente suicidas, pero nunca hubo un titular que dijese: "Una islamista, su marido y su hermano...". Hagan lo que hagan, Royal y Clinton son vistas ante todo -ya desde el título- como mujeres, con todo lo que eso implica. Y tan fatal.