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14 Mayo 2007

Paloma Sainz, mejor en la imaginación, de José Manuel Piñeiro en La Nueva España

Comprobada la rapidez con la que Vicente Álvarez Areces y Ovidio Sánchez se han acogido de nuevo al abrigo de Churchill («sólo me creo las encuestas que previamente manipulo») en cuanto recibieron el trancazo del CIS, sólo queda cronometrar cuánto tardarán en recurrir a otro tópico rampante: el único sondeo válido es el de las urnas.

Y el que me hinche las velas a conveniencia, les falta añadir. Mientras los candidatos se esfuerzan con denuedo en espantar las sombras de los malos augurios, el tránsito de la campaña empieza a poner claras algunas cosas. Por ejemplo, cuánta razón tiene el aserto clásico de que el hambre aguza el ingenio. La candidata socialista a la Alcaldía de Oviedo, Paloma Sainz, está desplegando un notable repertorio imaginativo -cómics, rejuvenecedoras salidas nocharniegas, ensayos virtuales en Second Life, etcétera- digno de alabanza.

Y ¿la sustancia programática? Hombre, no sobra, pero tampoco hay que ponerse estupendos. La prioridad para cualquier desconocido -y Sainz lo era, por muchos trienios que lleve en la Administración- que aspire a medirse con Gabino de Lorenzo es trabajarse un hueco público, y la candidata socialista está cumpliendo con creces esa parte. Por lo demás, y desde que dejó de oírse la música del tranvía, poco hay. Hoy por hoy, la oferta del PSOE para Oviedo se limita a la sonrisa y a los estampados primaverales de Paloma Sainz. La lógica invita a pensar que los socialistas aprovecharán el tiempo que resta para atinar en dos o tres mensajes que añadan algo de andamiaje al colorido de los carteles. Sin embargo, pese a las lagunas, la campaña de Sainz no es mala, en absoluto. Entre la militancia socialista existe, de hecho, un cierto «efecto Paloma»: una corriente de simpatía hacia quien afronta con todas las desventajas la competición con el artillado PP de Oviedo. Es probable que ése sea sólo un fenómeno doméstico, intramuros del PSOE, y que no resista la luz del sol un par de pasos más allá de las sedes socialistas, pero tiene su mérito.

Hasta tal punto que empieza a tener sentido el preguntarse si la forzada y desdeñosa ignorancia del Alcalde hacia Sainz puede volverse en su contra. La respuesta no es tan sencilla como parece. De entrarle al trapo, De Lorenzo reconocería a la socialista los galones de adversaria; de no ponerle freno, continuará dejándole el paso franco, y quizá más de lo aconsejable.

Para los intereses del PP, se entiende. Porque para los socialistas cualquier avance en Oviedo, por pequeño que sea, resultará una bendición. El escrutinio en la capital -que sigue quedándoles fuera de órbita en las encuestas- es una de sus obsesiones. La otra no la ocultan, sino que la pregonan en todas las ocasiones que tienen oportunidad: el temor a una baja participación. Ésta es una consigna nacional sobre la que ya había machacado Javier Fernández, el líder del PSOE regional, y que volvió a enfatizar el viernes la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, en el mitin de Gijón: con la sobrecarga de decibelios de los predicadores de la crispación, el PP intenta tanto mantener movilizado a su electorado como provocar el desagrado de los votantes moderados y de los exquisitos de la izquierda, esos tipos que prefieren regodearse en la crítica a pringarse con las papeletas.

Todo eso puede ser verdad, pero tampoco conviene engañarse con trampas en el solitario. La elevada abstención de los asturianos en las autonómicas no es un hecho nuevo, sino una tradición, y preocupante, con la que algo tendrán que ver los socialistas, sobre quienes ha recaído durante decenios la responsabilidad de gobernar tanto el Principado como la gran mayoría de los ayuntamientos de la región. Si el 27-M la participación es baja y el sufragio viene mal dado para los socialistas, habrá que incluir algo más en el análisis que echar las culpas al PP -por muchas que ciertamente tengan los populares, y que Ovidio Sánchez no asume, por descontado-. Si los socialistas están dedicando el primer tramo de la campaña a hacer apostolado entre los votantes moderados, es imposible aclarar cuáles son las prioridades territoriales y sociológicas del aspirante popular. Fiel a su estilo, Sánchez viaja de lado a lado de la región y dispara a discreción contra todo lo que se mueve, como si la ansiedad le impidiera sentarse un minuto y pensar hacia dónde le interesa dirigir los tiros.

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