EL RUNRÚN
Han llegado los primeros calores y con ellos ha hecho su aparición el gazpacho. A partir de ahora, ¿cuántos litros se consumirán en los hogares catalanes? ¿En cuántos establecimientos aparecerá en sus cartas? El éxito del gazpacho es indiscutible entre nosotros, su aceptación es amplísima, sus propiedades alimenticias en pleno auge, por la cosa de la dieta mediterránea, son enumeradas sin parar por los dietistas, su arraigo es indiscutible. Podríamos decir que está de moda. Ahora bien, su misma existencia en Catalunya no deja de estar exenta de algunos problemas que paso a reseñarles. El gazpacho aparece traducido en el meritorio Diccionari castellà-català i català-castellà del señor Alberti en su novena edición del año 1978 como trinxat y así lo he visto yo en algunas cartas desde hace años, por ejemplo en la del restaurante Hispania. Sin embargo, el recién publicado Diccionari de la llengua catalana del Institut d´Estudis Catalans define al trinxat en su página 1.671 como "Menja feta de verdures trinxades, bullides i amanides". Es una definición que guarda una escasa - por no decir nula- relación con la que nos proporciona el Diccionario de la lengua española en su vigésima segunda edición con dos acepciones: "1. m. Género de sopa fría que se hace regularmente con pedazos de pan y con aceite, vinagre, sal, ajo, cebolla y otros aditamentos. 2. m. Especie de migas que las gentes del campo hacen de la torta cocida en el rescoldo o entre las brasas". Es curiosamente en el New Oxford dictionary of English en su página 718 donde encontramos la definición más ajustada: "A cold Spanish soup made from tomatoes, peppers, and other salad vegetables". Y aquí hemos llegado al meollo de la cuestión. El gazpacho resulta que es una "Spanish soup". ¿Una cosa que es española puede ser al mismo tiempo catalana? Pues por lo visto no.
El Corpus de la cuina catalana editado por el Institut Català de la Cuina, que debe de recibir sus correspondientes subvenciones públicas, y que agrupa a más de 150 establecimientos y que cuenta "amb la col · laboració d´insignes catedràtics d´Història, Antropologia Social, Química i Bioquímica de l´Alimentació" es capaz a lo largo de casi medio millar de páginas de recoger recetas tales como el conill amb moniato o los panadons d´espinacs que ya me gustaría saber a mí quién se los ha comido por última vez. Pero del gazpacho o del trinxat que nos zampamos a partir de ahora, día sí día también, ni noticia, ni una palabra. Obviamente el gazpacho no es un plato de origen catalán sino meridional, pero tampoco lo son los canalons,que proceden de Italia y salen perfectamente descritos. Aparece la paella por la cosa del Països Catalans, aunque en New Oxford dictionary of English,página 1.273, se la tilda también de "Spanish dish of rice" con la peculiaridad de que al referirse a su origen señala "Catalan, from Old French, paele, from Latin patella". Así que una cosa de supuesto origen catalán puede llegar a ser reconocida como española, pero no al revés. En fin, que del gazpacho no hay ni rastro en el monumental Corpus de la cuina catalana.Para sus redactores debe ser tan extranjero como el arroz tres delicias o el cuscús. Debe de ser pues cocina española, aunque eso sí, hecha en Catalunya. Sobre todo muy frío, créanme.

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