Vuelve Carlos Llamas, de Luis Oz en El Mundo
EL OYENTE
Nueve meses, el tiempo de un embarazo, ha estado fuera de los micrófonos de Hora 25, en la Ser, Carlos Llamas. El pasado lunes, por fin, volvió con su voz ronca, ahumada y cansina, entrecortada por la emoción, transformada por el odontólogo, rodeado de amigos.
«Me ha costado un poquito más que a la Pantoja reunir la fianza, pero menudos somos Tamayo y yo: nos ponemos y reaparecemos el mismo día. Así que sean ustedes bienvenidos y bienhallados. Los que hemos probado el cáncer les saludan».
Sin perder un grado de su ácido humor gallego, lamentó que «no acertaran los que dijeron que Polanco se lo había cargado porque, dándose el pico con Gallardón, no le convenía». Fue -dijo- su excelente sustituto, José Antonio Marcos, quien optó por la discreción y por no dar detalles.
«Yo creo que no hay por qué ocultar que uno ha tenido o tiene cáncer», añadió. «Un amigo médico dice que, así como hay enfermedades que uno proclama sin tapujos, sin pudor, otras se convierten en enfermedades casi culposas».
Nosotros, los periodistas, contribuimos a ello cuando repetimos a diario eso de que «tal personaje ha muerto después de una larga y penosa enfermedad», como si fuera vergonzoso padecer un cáncer.
No hace falta y ahí está él, desde el lunes, para demostrarlo de nuevo al volante del informativo más emblemático de la Ser, por donde han pasado muchos de los mejores de nuestra profesión. Un fuerte abrazo desde aquí a Manolo Martín Ferrand, que pasa por horas bajas.
Temblando como el primer día que se puso ante un micrófono, agradeció «el cariño extraordinario de la gente» y «a vuelta a la bendita normalidad de la prórroga que han puesto a mi vida, cantando como los de Liverpool aquella canción que luego hicieron himno: nunca caminarás solo».
No faltó, creo, ninguno de sus tertulianos para celebrarlo. No había sillas en la mesa ni, me temo, micrófonos en la Ser para recoger tantas voces de bienvenida y tantas emociones juntas. Pero como los excesos son malos, en 10 minutos despidió el espacio sentimental para volver al toro.
«¿Han visto a Aznar en cuanto le han puesto delante unos vinos de Ribera del Duero?», preguntó sin darse cuenta de la manipulación que su cadena ha hecho de esas declaraciones, dejando fuera la mitad de la frase.
«Las cosas siguen más o menos como estaban», afirmó. «El 11-M más o menos todavía enfangado, Acebes por ahí, José Blanco por aquí (nunca mejor dicho)... He descubierto que debajo de los adoquines no está la playa».
La playa no lo sé, pero el uso ilegal de la Oficina Económica de Moncloa para tumbar al presidente del segundo banco español es un escándalo que no se puede ignorar. Por el bien de nuestra profesión, son cosas que no se pueden tapar, aunque perjudiquen a tu empresa y a alguno de tus compañeros.
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