Bienvenido como mesías y ahora rechazado como falso profeta,Tony Blair anuncia su retirada como primer ministro británico. Blair es sin duda uno de los líderes más carismáticos y capaces a nivel internacional. Su extraordinaria resistencia frente a situaciones difíciles, su coraje, su casi asombrosa capacidad de persuasión y una seguridad en sí mismo rayando en la arrogancia definen un estilo de gobierno personal, admirado por unos y aborrecido por otros.

Juzgar a un líder es complicado, sobre todo porque hay quien por naturaleza odia a aquellos que consiguen el poder, toman decisiones, se comprometen y actúan. Tony Blair ha transformado radicalmente el Partido Laborista al redefinirlo como socialdemócrata y lo ha hecho capaz de gobernar y de ganar tres elecciones consecutivas, acontecimiento insólito en la historia reciente del Labour. Entre los aspectos más relevantes de su herencia cabe citar el fortalecimiento de la economía británica y la creación de una sociedad más próspera, la reducción del desempleo, el incremento de la inversión en los servicios públicos - sobre todo en sanidad y educación-, la introducción del salario mínimo, la promoción de la mujer, la disminución de la pobreza y la mayor reforma constitucional iniciada por un primer ministro en los últimos cien años.

Tony Blair ha cambiado drásticamente la estructura del Estado al introducir una descentralización asimétrica del poder, que otorga amplios poderes al restablecido Parlamento escocés y poderes más limitados a la Asamblea de Gales y al Parlamento de Stortmont (Irlanda del Norte), acompañada de la instauración de la Asamblea de Londres y la novedosa posibilidad de elegir directamente al alcalde de la ciudad. La ya iniciada reforma de la Cámara de los Lores completa un ambicioso proyecto de reestructuración y modernización del país guiada por el deseo de profundizar en la praxis democrática y acercar el poder de decisión al pueblo.

En el ámbito internacional, el Gobierno Blair ha suscrito la carta de derechos humanos de la Unión Europea, ha promovido la inversión en África y la cancelación de la deuda externa de los países pobres, así como la reducción de precios en medicamentos genéricos para tratar enfermedades como el sida o la tuberculosis en países del Tercer Mundo.

La cara oscura del legado de Blair se centra en su funesta intervención en Iraq; los argumentos eximidos para justificarla han resultado falsos, el país está deshecho, crece el odio a Estados Unidos y a Gran Bretaña, y una retirada honorable parece difícil. El fundamentalismo islámico utiliza la experiencia de Iraq para reforzar su mensaje y ganar adictos tanto en Oriente como en Occidente. Se recrimina a Blair el no haber escuchado prácticamente a nadie a la hora de acompañar Bush en su cruzada contra el terrorismo y se reviven los momentos en que Blair - inspirado o iluminado- tomó una decisión que ha marcado su propio declive. Inmediatamente, Blair perdió el apoyo de una parte significativa del electorado, de su propio partido laborista y de algunos miembros de su Gobierno. Recordemos que la militancia del Partido Laborista se ha visto reducida a la mitad desde 1997.

Es cierto que Blair consolidó la relación especial de Gran Bretaña con Estados Unidos, pero al mismo tiempo se distanció irremediablemente de otros gobiernos y partidos socialdemócratas, y aquellos que en algún momento contemplaron la tercera vía como una auténtica alternativa ideológica dudaron y pronto su escepticismo degeneró en oposición. En esta época Blair inició el cultivo de amistades peligrosas,Bush, Aznar, Berlusconi... y recientemente Sarkozy, de ahí que sus críticos le tachen de neoliberal, dogmático y "conservador por instinto" (John Gray, New Statesman 7/ V/ 2007). Más allá de Iraq, algunas políticas de Blair que han marcado negativamente su mandato incluyen: la corrupción; en particular el caso denominado dinero a cambio de títulos nobiliarios, la falta de eficiencia en la administración de considerables recursos públicos destinados sobre todo a la sanidad, así como la introducción del mercado libre en la provisión de servicios públicos. Este tema ha generado numerosos problemas relacionados con graves deficiencias en la calidad de los servicios prestados y en la identificación de responsables de éstos.

El mandato de Blair ha coincidido con una patente falta de liderazgo en las instituciones de la UE y un desencanto creciente evidenciado en la no aprobación del proyecto de Constitución europea. La expansión de laUEha contribuido a la prosperidad del Reino Unido, pero también ha generado un incremento notable de la inmigración que muchos británicos resienten. En estas circunstancias, Blair - seguro de perderlo- no se ha atrevido a plantear un referéndum sobre la entrada del país en la zona euro y ha renunciado al ideal de liderar la UE que expresó en el congreso del Labour (septiembre 1997).

La herencia de Blair es controvertida, el espectro de Iraq ciega una visión más amplia y equilibrada que seguramente el tiempo se encargará de recuperar. Su máximo logro, conseguir la paz en Irlanda del Norte y sentar en un mismo Gobierno a Ian Paisley y Martin McGuinness, si funciona, hará que Blair sea recordado como un héroe.

M. GUIBERNAU, catedrática de Ciencia Política, Queen Mary College, Universidad de Londres.