LA POLÉMICA INTERNACIONAL LA POLITICA DESPUÉS DE LA ELECCION
Tras una campaña electoral en la que el líder francés ha sido capaz de venderse como alguien fresco y nuevo, ¿podrá dejar ahora Sarkozy el populismo, la llave de su victoria?
Lo más admirable de la campaña de Nicolas Sarkozy a presidente de Francia ha sido que, después de haber desempeñado los puestos de ministro de Finanzas, de Economía y de Interior con Jacques Chirac, haya sido capaz de venderse al pueblo francés y a la opinión internacional como alguien completamente fresco y nuevo. El semanario alemán Der Spiegel ha escrito que «sin saber muy bien cómo, los votantes han olvidado el hecho de que Sarkozy ha formado parte del aparato del partido a lo largo de toda su carrera». El periódico de Berlín Die Tageszeitung ha subrayado que «durante su etapa como ministro del Interior hubo más coches y suburbios en llamas que nunca hasta entonces. Que haya conseguido que los ciudadanos olviden este dato forma parte de su victoria».
La prensa anglosajona ha tendido a ver en Sarkozy a un liberal reformista, ansioso por thatcherizar Francia, pero, tal y como ha escrito Dominique Moisi, del Institut Français des Relations Internationales (IFRI), «Francia no es la Gran Bretaña de los años setenta, un país que ciertamente no tenía nada que perder si emprendía el duro camino de cambios estructurales de Margaret Thatcher. Pero desde su estilo de vida único hasta sus servicios públicos todavía eficaces, los franceses saben que su país no lo está haciendo tan mal».
Gideon Rachman ha escrito en el Financial Times que «un sondeo de opinión de 2005 encontró que, mientras el 74% de los chinos, el 71% de los estadounidenses y el 66% de los británicos decían que estaban a favor de la economía de mercado, sólo estaban de acuerdo con ella el 34% de los franceses». En un rasgo de ingenio, alguien describió Francia en cierta ocasión como «el único país comunista con éxito». Quizás con el tiempo Sarkozy habrá logrado algo que nadie ha podido hacer hasta el día de hoy: unir a la tan fracturada, pero tan arraigada izquierda francesa. Sarkozy ha ganado con los votos de Le Pen y eso podría terminar siendo una carga enormemente pesada a la hora de acometer reformas liberales.
Simplificando mucho, lo que los votantes de Le Pen pretenden es que Sarko no permita que entren más inmigrantes en Francia y reprimir a los que ya están, mientras que quienes le han financiado su campaña necesitan a los inmigrantes para que, entre otras cosas, les limpien sus casas. «Quiero que Europa nos proteja de la globalización, no abrir la puerta a la globalización como si fuera un caballo de Troya», declaró Sarkozy durante la campaña. Un editorial del Financial Times criticó su afición por «cazar con los perros y huir con las liebres». Otro editorial del Financial Times afirmaba que «lo más preocupante ha sido la disposición de Sarkozy a explotar los miedos populistas de la inmigración excesiva y de la competencia desleal de la globalización en su empeño por ganarse votantes tanto a su derecha como a su izquierda. Ahora deberá dejar atrás el populismo». ¿Dejar atrás la llave de su victoria?
Como dijo Abraham Lincoln en una cita famosísima, «se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos durante algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo». Veamos cuánto dura la luna de miel de Nicolas Sarkozy.
© Mundinteractivos, S.A.

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