El RUNRÚN

Las declaraciones en Ràdio 4 que han llevado a Raimon Martínez Fraile a la dimisión presentan diversos puntos de interés. De entrada, el medio en el que se produjeron, en histórica consonancia con la elección de la renovada cabecera de L´Avenç por parte de Maragall. A este paso, cualquier día de estos hallaremos en el quiosco un ejemplar del Tele/ eXprés.El episodio también tiene la virtud de reforzar los perfiles de los dos últimos presidentes de la Generalitat. Montilla se confirma como un líder implacable para con los suyos. Uno de aquellos entrenadores que envían al banquillo a sus jugadores cuando no obedecen. Sin pestañear. Sin palabras. Fets, ¿recuerdan? Las palabras ya las ponen otros. Por su parte, Maragall avanza a pasos agigantados hacia el liderato en el campeonato de paradojas andantes. Asu rechazo del Estatut que él mismo suscitó une su explícito reconocimiento a la postura de conllevancia con España que tanto criticó de CiU. La práctica constante de la paradoja acaba mareando a propios y extraños, hasta el punto de que quien tantas veces se quejó del victimismo convergente encarna ya la figura de víctima nacional de Catalunya, un verdadero ase dels cops atacado por quienes en teoría prometieron amarle en la salud y en la enfermedad. El disfemismo de usar el morbo como descalificación es un error de bulto, pero sería bueno recordar que no ha pasado ni un año desde que Javier Solana acusó de padecer delírium trémens a quienes compararan los casos catalán o vasco con la recién independizada Montenegro. Nadie le hizo rectificar ni dimitir.

Las declaraciones de Martínez Fraile en Ràdio 4 contienen un detalle retórico de gran interés. Tras soltar que la actitud de Maragall era la de una persona "una mica malalta", el ya ex delegado de la Generalitat en Madrid dijo que no haría más comentarios al respecto. Y a la siguiente frase remató que no entendía que Maragall dijera lo que dice "si no és que es troba en una situació no gaire adequada físicament i psicològicament". ¡Pues suerte que no quería hacer comentarios! Su proceder recuerda a aquellos entrenadores que afirman tener por costumbre no hablar nunca de los árbitros justo antes de proferir un pero y rajar del trencilla que acaba de pitar el partido. Con la proliferación de los cortes de voz, cada vez es más frecuente oírle decir a alguien de la esfera pública que no dirá lo que dice, en una entrañable muestra de oxímoron. Nunca sabes si su ingenuidad le lleva a no poder ocultar su hipocresía o si es a la inversa. Existe una figura retórica de la familia de la hipérbole, denominada tapínosis, que consiste en rodear lo que se quiere dar a entender de expresiones que le quitan importancia. El ejemplo con el que se suele ilustrar es alguien que saluda a un conocido y acusa a su esposa de dedicarse a vender artículos de contrabando, "con el pretexto de que trabaja en un burdel". Martínez Fraile y los que, como él, afirman que no piensan comentar lo que, de hecho, ya están comentando, hacen lo contrario: niegan lo que dicen mientras lo están diciendo. Como si te piden un cigarrillo y afirmas "no fumo" mientras expulsas una bocanada de humo.

Si alguien comenta que no quiere comentar algo sólo hay que prestarle atención y tomar buena nota.

MariusSerra@verbalia.com