JAVIER Fernández muestra preocupación por las declaraciones de los candidatos de IU, que consideran irrenunciables algunos puntos de su programa para negociar un nuevo pacto con el PSOE. El líder de los socialistas asturianos asegura que sólo los principios ideológicos no pueden ser objeto de transacción, a la vez que señala lo peligroso que es elevar el nivel de exigencia, porque después es muy difícil ser flexibles en la búsqueda del acuerdo. Unas manifestaciones prudentes, para que las vicisitudes de la campaña electoral no enturbien las hipotéticas negociaciones sobre una futura mayoría parlamentaria, pero que no sacan el debate de dónde le interesa a IU. Veámoslo.
IU llega a las elecciones tras pasar cuatro años como socio minoritario del Gobierno de Areces. Al empezar la legislatura había muchas especulaciones sobre la solidez del pacto de la izquierda, pero al acabar el mandato la conclusión es clara: la alianza funcionó a la perfección. Los puntos de fricción fueron mínimos y nunca estuvo en juego el acuerdo. En algunos ayuntamientos, como el de Gijón, el pacto de la izquierda también funcionó bien, pero el líder local de IU, Montes Estrada, supo marcar distancias con los socialistas en algunas cuestiones, para que no quedara diluida la identidad de su fuerza política. Ahora, al acercarse las elecciones, el mayor peligro para las huestes de Jesús Iglesias es que el votante de la izquierda considere más útil votar al PSOE, porque no aprecie diferencias entre las dos izquierdas. Pues bien, en unos pocos días, IU ya logró su principal objetivo, al aparecer como una fuerza distante del PSOE, de ahí las apelaciones al embalse de Caleao y a la oficialidad de la llingua. Para completar la estrategia se presenta como una fuerza política útil: si no se acepta su programa, no habrá gobierno de coalición.
Al PSOE le conviene salir de esa dialéctica, sin entrar a discutir los supuestos puntos de discordancia. Resulta un tanto arriesgado que la izquierda se ponga a vender la piel del oso antes de cazarlo. Con los votos de 2003, y dado el reajuste de diputados por el despoblamiento, el PP tendría 20 diputados. Y todavía no había ni sombra del "Estatut" ni De Juana dejaba la cárcel para pasear con la novia.

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