BULEVAR

Siempre pensé que el mundo se dividía entre aquellos que soñaban y los que no. Obviamente se trataba de ideales, no de sueños nocturnos. Pero debemos haber entrado en una especie de rara y turbia noche del alma, porque ahora, cuando empiezo a sentirme muy, muy viejo y y a no tengo apenas ni un gramo de esperanza, lo veo todo, si cabe, todavía con menos romanticismo. Hoy considero que el mundo se divide entre aquellos que de una forma u otra siguen soñando con cambiar las cosas, con volverlas mejor, asequibles para un gran mayoría, y aquellos otros cuya función social consiste en que nada cambie en esencia, pues ya les vale como está distribuido todo. Esos últimos serían los anestesistas de sueños.

Sarkozy y Royal ejemplifican espléndidamente lo que quiero decir.De hecho el debate entre izquierda y derecha, incluso ahora que la derecha de siempre se ha se ha apropiado de ciertos conceptos capitales (ya que el capital económico nunca dejó de ser suyo) ha presenciado la feroz secular lucha entre esos esas dos maneras de entender la existencia: uno querían transformar, los otros matener. Sí, claro, pero todos afirman que lo que quieren de verdad es... mejorar. A un servidor, que se siente muy, muy viejo más de la mitad de las abuelitas francesas (y por lo visto en Francia debe haber muchíusimas abuelitas de, pongamos, 18 años) deseamrían tener. Les promete orden y bienestar (el suyo). Royal, por contra, coquetea con la peligrosa tesitura de cambiar bastantescosas.Royal es meridianamente progre y Sarkozy rematadamente facha.Pues eso: más de la mitad de los franceses lo apoyan. Al hacerlo apoyan al hombre que se atrevió a decir que el origen de todos los males de Francia (raro que no afirmase que el mundo) están en Mayo de 1968, justo lo que para los otros pudo ser un último brote de esperanza para que la suciedad cambiase a fondo. En Francia, como en España, las cosas están clarísimas. Ahora ha irrumpido un puñado de anestesistas políticos profesionales (traje seda y sonrisa anuncio) para que durante unos años nada se mueva y continúe rindiéndoles pingües beneficios. No obstante, los ciclos históricos son implacables. Sarkozy llegó a llamar chusma a la masa de jóvenes que causó los disturbios en las barriadas populares, hace meses. En Europa no se veía nada igual justo desde el mayo francés de ahora hace casi 40 años. Y la misma chusma le ha dado la bienvenida como era de esperar. Sarkozy, en la Francia de 1789 hubiera llamado igualmente chusma al pueblo (o si lo prefieren populacho) que perdió los papeles (o si prefieren los recuperó) a costa de mostrar su rabia al mundo. Y es que precisamente desde esas fechas, finales del siglo XVIII, en las sociedades no del todo analfabetas, como sigue habiendo los que tienen muchísimo y los que no tienen apenas nada, la chusma suele tener algo que decir. La chusma tumbará a Sarkozy. Al tiempo.

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