PRISMA
Cuando las noticias se acumulan, la desesperación de aquel que se gana la vida castigando la cuartilla es colosal.
Vean la tremenda duda que supone para el gacetillero que tiene una columna quincenal el tener que elegir entre la detención de Isabel Pantoja o las declaraciones del ex president Maragall ciscándose en Zapatero, Montilla, el Estatut, el PSC y de poco le ha ido el no hacerlo incluso con el sistema métrico decimal.Ante tal coyuntura, he exprimido las pocas neuronas que Dios me dio y he visto que no tenía porque escoger, puesto que entre ambos sucesos existen tremendas coincidencias. ¿Lo dudan?
Ah, como se nota que dos décadas de adormidera convergente y un ratito de Tripartit dejan a cualquiera en un estado de sopor escéptico. ¿Acaso no ven que, si la Pantoja es la folclórica por antonomasia, Maragall ha sido el más folclórico de nuestros políticos? ¿No alcanzan a comprender que, si a Isabel la detiene el siempre oportuno Cuerpo Nacional de Policía, a Maragall lo detuvo el también siempre oportuno politburó socialista?
Pero la cosa no se queda ahí. La Pantoja acusa a los medios de comunicación, e incluso a su ex, el Cachuli, de urdir su ruina y alega que ella simplemente pasaba por allí.
Maragall hace lo mismo, pero no con el Cachuli, que ya sería una exageración. El prócer, casado con una señora con mucha vista, porque no en vano posee o poseía una fábrica de gafas, le echa la culpa a Zapatero, al PSC y a Montilla. Fíjense que desgarro tan español y tan de copla. Maragall dice que ZP prefirió a Montilla como president y a él lo abandonó. Algo así como «La bien pagá», pero en socialista.
Y si a la tonadillera la hemos escuchado sollozar, también hemos escuchado los lamentos de Maragall que, cual moderna encarnación de La Zarzamora dice que ha transitado por el socialismo llora que llora por los rincones, y que gracias a su mujer que le ayudaba a preparar las mociones de censura, que si no, a buenas horas mangas verdes. Yo no sé que dirá a esto el hermano de Pasqual, el conseller d'Ensenyament, Ernest Maragall, pero en fin, ellos sabrán. Sea como fuere, un dolido Maragall dice que dejará de ser presidente del PSC y que se va porque está harto de ser «la otra, que a nada tiene derecho porque no lleva un anillo con una fecha por dentro» y que «no tiene ley que le ampare ni puerta a la que llamar».
Hombre, no me dirán ustedes que Isabelita y Pasqual no merecen un gesto piadoso por parte de los que amamos la canción española.Máxime cuando en el colmo del desgarro, por decir algo, Maragall nos dice ahora que lo del Estatut fue una pérdida de tiempo y no ha servido para nada. O sea, que nos está cantando aquello de «Vete de la vera mía, que a tu lao estoy perdiendo dinero y categoría».
Pues nada, hombre, váyase con la Pantoja y enjuáguense las lágrimas el uno al otro. Ah, y de paso dígale si quiere apuntarse al partido que se rumorea que quiere usted crear en lo que sería el último de los despropósitos de su carrera.
O mejor aún, reabra el restaurante de Isabel donde servía el pollo a la Pantoja y monte allí el «Corral de La Pacheca», arrancándose por soleares. Mientras tanto, en Cataluña, intentaremos arreglar el follón que nos dejaron usted y sus prodigiosas ideas entonando de vez en cuando, en voz baja, eso sí, unas peteneras. Esas por las que usted es tan dado a salirse. Arsa, pilili.
© Mundinteractivos, S.A.

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