ESCANDALO EN LA CNMV: De La Moncloa al Ayuntamiento
El ahora candidato exigió ser secretario de Estado y provocó con su poder interferencias en la gestión de Solbes
La Oficina Económica del Presidente de La Moncloa está diseñada en función de la personalidad de Zapatero y de su relación con Miguel Sebastián.
El actual presidente no es un especialista en economía -«esto lo aprendes en dos tardes», le dijo Jordi Sevilla cuando era líder de la oposición- y buscó a alguien que le ilustrara y le guiara por estos caminos.
Estando en la oposición descubrió a Sebastián -por intercesión de Luis Angel Rojo-, rebotado desde el BBVA por enemistad manifiesta con Francisco González. Zapatero, como él mismo ha admitido públicamente, quedó deslumbrado y maravillado por Sebastián, que reúne algunas condiciones coincidentes con las suyas propias: atrevido, con capacidad para improvisar y con posibilidad de sintetizar ideas en frases.
Por eso le encargó el programa económico del PSOE de 2004 junto a Jesús Caldera, luego le puso una oficina en La Moncloa y más tarde recurrió a él como candidato en Madrid. Entremedias, le compró la tesis de la productividad, algunos bandazos sobre fiscalidad y teorías peculiares sobre el liberalismo.
Para lo de la Oficina hubo que encajar a martillazos un organigrama, porque Sebastián quería tener rango de secretario de Estado. Hubo tensiones, porque la disfunción era que ese rango es idéntico al del jefe de Gabinete de Presidencia, José Enrique Serrano, del que en teoría depende también la Oficina, como las áreas de relaciones institucionales o cultura, entre otras.
La conclusión es que la personalidad y la forma de actuar de Zapatero modelaron en la práctica una oficina con enormes poderes, sin control parlamentario y en un organigrama que sólo existe sobre el papel. Al presidente no le gustan las reuniones sistemáticas ni los cauces jerárquicos, y prefiere el contacto directo, improvisado y caótico.
Con Sebastián hablaba por teléfono o personalmente varias veces todos los días y cada día recibía de él un informe sobre economía, que era mucho más voluminoso los fines de semana. Al margen de este funcionamiento caótico impulsado por Zapatero quedaba Pedro Solbes.
De Zapatero se conocen elogios a lo que llamaba «informes de Miguel», dando por sobreentendido que se refería a Sebastián. El otro Miguel en La Moncloa, pilar de Zapatero en la primera parte de la legislatura, era Miguel Barroso, secretario de Estado que dejó su cargo después de año y medio, pero que mantiene una relación estrecha con el presidente que se traduce en consultas y consejos permanentes. Zapatero echó mano de los migueles para misiones difíciles: de uno para la candidatura de Madrid y del otro para que ayudara a Montilla a poner en marcha su campaña en Cataluña.
Con Sebastián hubo en la práctica interferencias con el equipo de Solbes, con episodios tan notorios como la disputa por la revalorización automática del salario mínimo, que perdió el vicepresidente en 2005 y ganó Caldera, con desautorización pública incluida en Consejo de Ministros del número tres del Gobierno. Sebastián escribió en diciembre de 2004 el prólogo a un libro de Luis Angel Rojo en el que incluyó una propuesta detallada de reforma fiscal, con un mínimo exento de 12.000 euros y tipo impositivo del 30%, que podía transformarse en el 35% para los tramos de renta más altos, distinta a la que Solbes preparaba. La Oficina, sin control alguno, se dedicó más de la actividad empresarial que de la macroeconomía y, por eso, algún ministro se echó las manos a la cabeza cuando trascendieron las gestiones desde la Oficina en el BBVA o la OPA de Endesa. Zapatero, asesorado por la Oficina, recibió en La Moncloa a personas involucradas, como el presidente de E.ON o el de la Comisión Europea, Durao Barroso, entre otros de los que no se tiene noticia, y fue a comer con responsables de La Caixa en pleno fragor de la batalla.
Hay un precedente similar en la Oficina Presupuestaria que Aznar creó en La Moncloa para José Barea, con la diferencia de que entonces Rodrigo Rato, vicepresidente económico, pudo cerrar enseguida el organismo que le incomodaba.
En esa Oficina Económica se elaboran los discurso económicos del presidente. Según la web de La Moncloa, sus funciones son: «Facilitar al presidente la información que resulte necesaria para el ejercicio de sus funciones, tanto en el ámbito nacional como internacional. Asesorar al presidente en los asuntos y materias de índole económica, cuando éste lo disponga. Informar al presidente en relación con los proyectos de normas de ámbito económico. Elaborar, en general, informes y estudios económicos de interés para el cumplimiento de las funciones que corresponden al presidente, y, en particular, informar los asuntos económicos que se someten a las Comisiones Delegadas del Gobierno y a la Comisión General de Secretarios de Estado».
Cuando Sebastián se fue de candidato, Zapatero le permitió designar a su sucesor, David Taguas, con quien trabajó en el BBVA. La Oficina tiene tres direcciones generales: Subdirección de la Oficina (Rafael Doménech Vilariño), Departamento de Política Económica (Javier Vallés Liberal) y Departamento de Sociedad del Bienestar (Pedro Luis Marín Uribe).
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados