Dicen que Carod-Rovira presidirá la comisión que decide sobre la presencia catalana en la Feria de Frankfurt. Pero que el cargo revista contenido, y no lo digo por desconfiar de Carod, quien por haberse asignado a sí mismo - pues será aún vicepresidente del Govern, el decisor- sabe bien lo que hace.

Exactamente lo digo porque aquí esos cargos pueden sufrir agrias vicisitudes, como aconteció al Institut Ramon Llull, que debía ocuparse de Frankfurt pero que fue apeado a favor del ufano CCCB, y cuyos competentes directores anteriores, Xavier Folch y Emili Manzano, fueron echados sin motivo aparente.

Asimismo un servidor, que formaba parte de su patronato, me enteré por una joven marroquí en una zapatería de Murcia que había sido licenciado. Sin que nadie de y en Catalunya me lo haya comunicado jamás.

Luego, sobre Frankfurt se ha hablado mucho, sin que tampoco un servidor y cuantas personas trato relacionadas con el libro, sepa demasiado en concreto. Aunque me aseguran que el actual director del Llull, Josep Bargalló, es juicioso, a la par que continúan allí eficientes miembros de los anteriores equipos.

Por todo ello le recomiendo a Carod la lectura de Guia de la Fira de Frankfurt per a catalans no del tot informats (La Magrana), de Sergio Vila-Sanjuán, que además fue quien primero habló en Frankfurt y aquí de que podría dedicarse un año a la literatura catalana. Los derechos de cuyas obras es lo que debe venderse en Frankfurt, y no que Catalunya sea o deje de ser una nación en España o Europa, y que lo fuera en la edad media.

Luego, con relación a Frankfurt los escritores en catalán casi sólo aparecemos en España y Alemania como genocidas de los que escriben aquí en castellano. Sin que yo ni tampoco ningún compañero que trate haya participado en tal degollina. Cosa que nos resultaría difícil pues carecemos del menor poder.

Amén de que nuestra presencia se va diluyendo, como prueba ya cada Sant Jordi con su creciente volumen comercial, ¡albricias!, gracias a la mediatiquisis, ¡santa imagen!, y a la edición en castellano. Lo que refleja la tesitura y la composición de la sociedad catalana y la política que el Govern expone. Lógica ésta después del fiasco social del precedente nacionalismo cultural.

Esperemos, pues, que Carod nos exculpe asegurando que los en castellano estén en Frankfurt tan panchos como siempre, y además su extenso idioma se lo facilita. Aunque parece que también gozarán allí quienes se dedican aquí al teatro y demás artes visuales, pues el Govern quiere lucir con rápida explicitez el plumero indígena, lo que con el libro resulta engorroso ya que exige horas y horas de lectura solitaria y muda.