SECRETOS Y MENTIRAS

Ya tardaba el vicepresidente del Govern y presidente de Esquerra Republicana de Catalunya en cometer un error de bulto. La semana pasada mintió de forma grosera al Parlament. ¿Hasta cuándo le durará la bula que le da haber mantenido 21 escaños en noviembre?

Si el vicepresidente del Govern de la Generalitat y presidente de Esquerra Republicana de Catalunya, Josep Lluís Carod-Rovira, fuera un muñeco de madera dotado de vida gracias a las mágicas manos del artesano que lo construyó, Gepetto, su nariz sería ahora unos cuantos centímetros más larga que la que conocemos.Mentir en política, por habitual que sea o parezca, está mal y puede tener consecuencias funestas. Carod debería haber preguntado precisamente a los artífices de la moción parlamentaria en cuyo contexto mintió de forma ostensible qué acarrea intentar engañar al país y que éste se dé cuenta. El Partido Popular aún está pagando las consecuencias de haber mentido de forma tan grosera y de haber despreciado la inteligencia de los españoles entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. Y si, en las próximas elecciones generales, no logran superar a José Luis Rodríguez Zapatero a pesar de su pésima gestión en materia antiterrorista -ha dejado escapar la posibilidad de recuperar la paz en el País Vasco precisamente por cobardía y por ir a la zaga de las iniciativas del PP- será porque el partido está gobernado por los mismos mentirosos que perdieron las elecciones hace algo más de tres años.

Por supuesto, las mentiras de Carod de esta semana son mucho menos trascendentes que las de Angel Acebes, Eduardo Zaplana e incluso José María Aznar -pueden dar fe de ello los directores de los diarios que ejercían entonces- durante aquellos días de marzo. Pero no deja de tratarse de una actitud similar: considerar estúpidos a los gobernados. Y es que, si los extremos no se tocan, sí se necesitan, y la demagogia de unos pierde eficacia sin la de los otros.

Carod, en su calidad de vicepresidente del Ejecutivo catalán y, por lo tanto, responsable de un área tan importante como la cuestión del las selecciones deportivas catalanas, fue el encargado de salir al paso de la moción parlamentaria presentada por el portavoz adjunto del grupo popular en el Parlament, Daniel Sirera, para que la Cámara catalana exigiera al Govern que dejara de dar trato de favor a la Plataforma Pro Selecciones Catalanas, que, en los últimos cuatro años, ha recibido, a dedo y sin aparente justificación, 3,4 millones de euros. Algunas viviendas sociales, aunque fueran dos docenas, o alguna mejora en algún servicio social se podían haber beneficiado de ese dinero administrado por un Gobierno autodenominado progresista.

Pero el despilfarro del Govern con esa entidad, que parece tener bula para no dar explicaciones a nadie de lo que hace con nuestro dinero, no acaba ahí. Las instalaciones de la entidad están ubicadas en un inmueble de 290 metros cuadrados en el pasaje Permanyer de Barcelona. Para quien no lo conozca, se trata de uno de los pocos pasajes privados que existen en Barcelona, compuesto exclusivamente de viviendas de dos o tres plantas de estilo palacete y une las barcelonesas calles de Pau Claris con Roger de Llúria entre las calles de Consell de Cent i Diputació. El edificio en cuestión es propiedad de la Generalitat, probablemente como consecuencia de la intervención de las mutuas propietarias de Eurobank del Medietrráneo, que ya está levantada y al corriente de pagos.Eso sí, el resto del pasaje pertenece de forma casi exclusiva a sociedades controladas por los administradores que hace cuatro años hundieron el banco, sin que al Departament d'Economia i Finances del conseller Antoni Castells le importe demasiado y sin que el juez Baltasar Garzón, que instruye el caso Eurobank, tenga acceso a la información financiera de los inmuebles.

Pero, en fin, que Jaume Llauradó y sus colegas tienen ahí su chiringuito, que vendido a precio de mercado daría al Govern más recursos, por ejemplo para pagar los audífonos de los pensionistas que prometió el presidente de la Generalitat, José Montilla, durante la campaña electoral y que, de momento, siguen pagándose los interesados porque es cierto que el president prometió los aparatos gratuitos, pero no dijo cuándo llegarían.

Hablaba de Carod y de sus embustes, sin embargo, y no de las promesas incumplidas de Montilla. La cuestión es que el vicepresident tuvo los arrestos de encarar la cuestión planteada por Sirera negando que la Generalitat hubiera cedido local alguno al club de Jaume Llauradó. Como si la sede en cuestión no fuera llamativa.Eso sí, como se trata de un pasaje privado, vigilado por agentes privados de seguridad y en el que ni siquiera los peatones pueden adentrarse sin dar explicaciones, igual Carod pensó que quien quisiera comprobar si la plataforma tiene allí su sede se iba a complicar mucho más la vida que si se tratara, por ejemplo, de una planta en el paseo de Gràcia. Pero esta vez se enfrentaba a Sirera, que podrá tener todos los defectos del mundo, pero es uno de los parlamentarios más eficientes y trabajadores de los del parque de la Ciutadella y siempre lleva hechos los deberes.

«Mans netes!», proclamaba Carod en la campaña electoral de las autonómicas de 2003. La insistencia de los negociadores de Esquerra tanto en aquellos acuerdos como en las conversaciones para la actual Entesa de Progrés hacían especial hincapié en la transparencia y en la lucha contra la corrupción. Carod siempre se presentó como la alternativa a una Convergència i Unió comprometida por sus relaciones clientelares y, en más de una ocasión, aunque su oratoria enmascara un pobre trabajo parlamentario, la corrupción de un Gobierno nacionalista que llevaba 23 años y medio en el poder fue su argumento contra Jordi Pujol. Es curioso, porque Carod siempre empieza mal y, por lo tanto, queda fuera de juego mucho antes de lo que le correspondería. Cinco meses después de asumir la vicepresidencia, miente de forma descarada y grosera.¿Se acuerdan de Perpiñán? Pues esta vez él no es la ingenua víctima del CNI controlado por Aznar, ni tiene un partido detrás dispuesto a sacar partido a su particular martirologio a pesar de la irresponsabilidad que cometió entonces. Carod vive de prestado, de los 21 diputados que retuvo Esquerra a causa de las malas formas utilizadas por Zapatero y Montilla para apartar a Pasqual Maragall de la vida política. Pero esta vez su Bruto particular se sienta cerca de él en los bancos azules del Govern. Parece que Joan Puigcercós ha tomado la decisión más inteligente: esperar. Para Carod, sin embargo, la puñalada final no será una sorpresa como lo fue para Julio César.

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