MEDIO AMBIENTE

En la era del cambio climático, la prodigiosa naturaleza gallega ya no aguanta con todo, con el urbanismo salvaje, la industrialización desordenada y las continuadas agresiones a rías, bosques y ríos. Bajo el lema de Galicia non se vende,más de 2.000 personas reclamaron ayer en Santiago una nueva cultura del territorio, en una manifestación que contó con la participación de los escritores Manuel Rivas y Suso de Toro, la actriz Mabel Rivera y del ex líder nacionalista Xosé Manuel Beiras.

"Nuestro país no es para los ricos de Madrid", gritaban los manifestantes, convocados por unas 40 organizaciones, como Greenpeace y colectivos locales surgidos contra proyectos concretos. La principal promotora era Verdegaia, una entidad surgida de una escisión de la histórica asociación nacionalista Adega, que también figuraba entre los convocantes.

La marcha pretendía alertar sobre la destrucción del ecosistema gallego, ejemplificada en tres problemas concretos: la ampliación y nueva implantación de piscifactorías en parajes destacados de la costa, las canteras de pizarra en la sierra lucense de O Courel y la instalación de una planta de gas en la ría de Ferrol, que justo debe entrar en funcionamiento esta semana.

Desde la madrugada del domingo, mariscadores ferrolanos hacen guardia en la ría en las pleamares para impedir la entrada del primer gasero que va a descargar en la planta de la empresa Reganosa, participada entre otros por Fenosa, Endesa y la Xunta. El Comité de Emerxencia de la ría de Ferrol, que dirige la protesta, exige que la planta se traslade al puerto exterior para evitar riesgos sobre la población en una zona próxima al arsenal militar. Reganosa afirma que la terminal es "totalmente segura".

En otra ría, la de Pontevedra, hay un conflicto histórico desde que durante el franquismo se instaló una fábrica de celulosas de Ence, cuyo traslado intentan el Ayuntamiento de Pontevedra y la Xunta. Pero la iniciativa no avanza por sus altos costes económicos y la falta de emplazamiento alternativo.

En el manifiesto leído en la marcha de ayer se incidía en la ausencia de una planificación global sobre los usos del territorio de Galicia. En algunas de las zonas hasta ahora menos explotadas urbanísticamente, como la Costa da Morte coruñesa y la Mariña lucense, se ha desatado en los últimos años una explosión inmobiliaria. La Xunta trata de controlarla con una moratoria de la construcción en los primeros 500 metros de costa que el Parlamento gallego está apunto de aprobar.

Galicia se enfrenta a una amenaza de "extrema gravedad", se afirmaba en el manifiesto. En él se denuncia "la ambición depredadora de la ignorancia, la irresponsabilidad y la ciega ambición de personas que desde las empresas y las administraciones públicas están destruyendo nuestro paisaje y nuestro patrimonio cultural y empobreciendo la biodiversidad".