Royal y el futuro, de David Revault d'Allones en El Mundo
¿Se da la batalla por perdida? Primero, una batería de sondeos funestos, publicados tras su confrontación con Nicolas Sarkozy, echó un jarro de agua fría sobre el entusiasmo de los partidarios de Ségolène Royal. Y la hipótesis de una derrota ha tomado cuerpo entre los socialistas. En pocas horas y con inusitado vigor. Sólo ella parece creer todavía en la victoria. Y el último día de su campaña oficial demostró su temple y su capacidad de lucha. Pero todas las sensibilidades del partido parecen estar de acuerdo (un hecho suficientemente raro como para no subrayarlo) en que la cuestión parece cerrada. Un sentimiento extendido hasta en el cuartel general de la candidata.
Incluso los más próximos a la candidata ya no lo ocultaban. Tanto es así que ha evocado abiertamente la eventualidad de la derrota. Julien Dray, su consejero especial estimaba, por ejemplo, que «las cosas no están totalmente cerradas y decididas». La confesión radica en el «totalmente». Arnaud Montebourg, su portavoz, prefería, hablar del mañana, prediciendo a la candidata «un gran futuro, pase lo que pase», antes de subrayar su «inmenso mérito», al «haber intentado renovar en 10 meses lo que el Partido Socialista no quiso hacer en cinco años». Salidas que llaman la atención.
Tras la anticipación de una eventual derrota, se diseña la necesidad de preservar el futuro político de Royal. Más allá del coro de sus amigos. Con un as en la manga: el capital electoral que conseguirá hoy la candidata. «Está en una posición de fuerza, pase lo que pase, y habrá conseguido reunir más votos que cualquier otro socialista desde François Mitterrand», argumenta un miembro de su staff. Y a continuación, reconoce, sin embargo, que «todo dependerá de los resultados. Será mucho más difícil para muchos socialistas atacarla, si consigue un resultado mejor que el de Jospin en 1995, es decir un 47%".
El resultado de la segunda vuelta se convierte en una clave, que seguramente provocará exégesis contradictorias entre los propios socialistas. Una línea de análisis la marca la posición de un socialista que asegura lo siguiente: «Un 47%, con un candidato que da miedo, con el extrarradio que ha ardido, con cinco años de Gobierno de la derecha y con Bayrou y Le Pen invitando a no votar a Sarkozy, es una derrota histórica...»
Pero, más allá de la batalla de las interpretaciones se perfila ya la continuación de las operaciones. Con el Parlamento en el horizonte. «Un 45% el domingo quiere decir entre 70 y 90 parlamentarios», explica un partidario de Dominique Strauss-Kahn. Una manera de posicionar al diputado de Val d'Oise, que ya anunció a sus amigos, que iba a «intentar ser lo más útil posible a la causa». ¿Cómo potencial líder de la campaña de las legislativas?
Por su parte, los partidarios de Royal quieren a la candidata en este papel. «La lógica de la V República, sobre todo después de la renovación realizada, implica que Ségolène se convierta de facto en líder de la oposición», dice un representante de su campaña. Eso sin tener en cuenta a François Hollande que indicaba que sería él, el que liderase la campaña de las legislativas, antes de considerar necesario «inventar otra cosa con todos los progresistas» y de evocar la idea de «refundación»...
Lo único seguro es que la veda para cazar al secretario general del Partido Socialista está a punto de abrirse. Un amigo de Royal dice: «François Hollande no podrá seguir siendo secretario general». Un partidario de Dominique Strauss-Kahn: «Hollande se pasó la campaña diciendo que Sarko debería rendir cuentas y hacer balance de su gestión. Pero él, también». Y un partidario de Laurent Fabius: «Hay que pedirle responsabilidades al secretario general».
Mientras tanto, mañana, los amigos de Fabius y de Strauss-Kahn, podrían plantear conjuntamente la hipótesis de una «dirección colegiada» para las legislativas. En un ambiente que se presagia cordial.
David Revault d'Allones es analista del periódico francés Libération.
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