SEÑALES DE HUMO

¿Dónde están el socialismo catalanista y los amigos del ex president? Y aparentaban ser tan brillantes y estar tan convencidos...

José Montilla tiene un plan. Lo hemos explicado aquí cien veces.Un plan que pasa por enfriar el match y esperar que el árbitro silbe el final. Catenaccio puro y duro. El futuro lo fía enteramente a la sabiduría de Andreotti -el poder desgasta sobre todo a quien no lo tiene- y descarta el contragolpe eléctrico y letal. Montilla, astuto y paciente como pocos. Auténtico culo di ferro forjado en cientos de reuniones hasta las tantas, posee una determinación blindada y un temple a prueba de bombas. Incluso de bombas de calibre maragalliano.

Si hay alguien de origen y personalidad opuestos a los de Montilla ése es Pasqual Maragall, quien está convencido de que ha sido víctima de la traición y la conjura. Además, está el inmenso disgusto del antiguo alcalde de Barcelona por sus sueños rotos sobre la confraternización ibérica y la España nación de naciones.Diríase que hoy se halla mucho más cerca del «Adéu, Espanya!», el último verso de la oda de su abuelo, que del primero, que reza: «Escolta, Espanya...» Ante los puñetazos en la mesa que va arreando Maragall, Montilla ha insistido en no variar el gesto y aplicar a rajatabla la receta de la abuela para situaciones delicadas: «Nunca pasa nada y, si pasa, nunca es importante».Fiel a su táctica -lo suyo en realidad es la táctica- se ha limitado a decir que no comparte lo que va diciendo su antecesor. Él sabrá lo que se hace. Además, Montilla y Maragall nunca fueron amigos.Colaboraron. Uno era el artista imprevisible, popular y carismático.El otro y su tropa primero cavaban las trincheras a pico y pala para luego defenderlas desde el amanecer hasta que se ponía el sol. Simbiosis. Do ut des. Nada se deben, y la vida tiene estas cosas.

Mucho más discutible es el caso de otros que hoy se esfuerzan en poner cara como de japonés. A excepción de Castells, que constató que a Pasqual no se le ha tratado bien (se entiende que, sobre todo, no se le ha tratado bien en el PSC), el resto de la fanfarria maragallista y catalanista ha preferido escurrir el bulto. Tanto en el Govern -Nadal, Tura, Geli- como entre la pandilla de presuntos amigos de Ciutadans pel Canvi, los Vallès, Masllorens, Valls, Comín, Balcells o Nel·lo. Tampoco hemos oído, por cierto, retumbar la voz de notables como Folch o Bohigas. Ni, que yo sepa, el bueno de Pernau, quien en otros tiempos convocaba misas laicas para que los periodistas aplaudiéramos la buena nueva maragalliana, se ha rasgado las vestiduras. Y aparentaban ser tan brillantes, tan guapos y estar tan convencidos

Vivir para ver. Ahora nadie reconoce haber estado en aquel fiestorro.Es como cuando uno visita la web de ERC y se da cuenta de que a Colom sólo se le nombra en dos ocasiones, y una es para criticarlo.Qué cosas. Montilla quiere ahogar el ruido maragalliano por la vía de hacer oídos sordos (sólo Corbacho se ha salido un poquito del guión para defender a Felipe de la pulla maragalliana). A su vez, los seguidores del ángel caído, incluidos aduladores y aprovechados de distintas calañas, forcejean como hurones para borrarse del retrato de familia y enterrar el recuerdo de Camelot, que así se designaba en los días de vino y rosas a Maragall y su corte municipal. Siempre he sostenido que la política -que es, en parte, silvestre lucha por ese placer insano que sólo da el poder- es un lugar ideal para descubrir la auténtica textura del alma humana.

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