EL OYENTE

Por una vez -a ver si sirve de precedente- todos los medios españoles, escritos y audiovisuales, coincidieron el miércoles en que el debate televisado desde París la noche anterior entre Sègoléne Royal y Nicolas Sarkozy fue modélico, a años luz del debate que políticos y periodistas practicamos en España.

No es así como lo ven los principales expertos franceses en información de campaña. Denis Muzet, director de Médiascopie, centro de estudios sobre los efectos de la comunicación, ve en debates como el del martes (el quinto en la historia de Francia) la excepción y no la regla.

En su opinión, los medios de información continua -mejor llamados de información repetida-, han impuesto en las campañas un modelo muy diferente, dominado por el bombardeo diario de informaciones breves o píldoras que, en vez de informar, desinforman.

Frente a una ley audiovisual de locos, que impone los mismos tiempos a los grandes partidos que a los más residuales, los principales medios, añade Muzet en Le Monde TV & Radio del 16 al 22 de abril, limitan, manipulan y distorsionan a diario el discurso de algunos partidos y candidatos.

Los candidatos esta vez tampoco han ayudado, pues, aunque en el debate del martes ofrecieron proyectos muy distintos de sociedad, en la campaña han repetido ideas muy parecidas. ¿Qué más da oir a Royal elogiando a De Gaulle que a Sarkozy lanzando ditirambos de Blum y de Jaurés?

Siempre se dijo que los medios de la Europa continental nos distinguíamos de los medios anglosajones porque éramos más plurales. Huíamos, supuestamente, del binomio facilón: demócratas o republicanos, laboristas o conservadores, buenos o malos, izquierda o derecha, en España ZP o Rajoy.

La verdad es casi siempre claroscura, llena de matices, pero los argumentos complicados no llegan al ciudadano y el receptor sólo se interesa por lo que le afecta o cree que le afecta directamente en el bolsillo o en la mente.

«El lenguaje político es como una lengua extranjera», explica Muzet, autor de La Croyance et la Conviction: les nouvelles armes du politique (L'Aube). En este libro explica una tendencia probada por toda clase de datos en los últimos 20 años: a la gente le importa cada vez menos el contenido de lo que dicen los políticos. Tiende a olvidarlo y se queda sólo con un gesto, con una sonrisa, con un tema o un titular. La palabra hecha pschitt.

La argumentación razonada y razonable, la hipótesis deductiva, posiblemente se acabó con Lionel Jospin. En España, creo que Rajoy aún conserva en sus momentos lúcidos algún destello. Como Royal, Zapatero es aire, humo, pompa, el todo a cien de colorines.

De no ser así, tras el debate del martes Sarkozy debía ganar por 20 puntos y, evidentemente, aunque ganará, será por muchos menos.

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