DOS EN LA CARRETERA
Este intercambio epistolar comienza hoy con la convicción de Él de que el pacto de Zapatero con ETA consiste en la vieja fórmula Kas actualizada. Ella dedica a esta reflexión una larga respuesta, que Él considera «extensa pero perfecta», en la que concluye que no estamos para resistir heroicamente hasta ser aniquilados. Él compara la actitud de Zapatero con la que tuvieron en su día Suárez y González, lo que la lleva a Ella a concluir, tras analizar a los candidatos a la Presidencia de Francia, que el centro no es la solución. Finalmente, Él duda sobre si el asunto Pantoja es una cortina de humo.
LA CEREMONIA DE LAS MENTIRAS NO ENGAÑA
Querida Cayetana...
Siempre estuvo todo claro como el agua clara. La ceremonia de las mentiras a nadie engaña. El pacto de Zapatero con Eta antes de la tregua y los compromisos contraídos suponían: excarcelación de De Juana Chaos, evitar el encarcelamiento de Otegui, presentación de Batasuna a las elecciones municipales con su incorporación a las instituciones del Estado, gobierno de coalición en Navarra para integrar después esta autonomía en el País Vasco y, finalmente, referéndum de autodeterminación. La vieja fórmula Kas reactualizada.
Zapatero, embustero, sigue con su palabrería incontinente mientras negocia bajo cuerda con Eta y con su brazo político Batasuna. Entre tanto, Otegui se permite amenazar al Estado con acciones terroristas si no se cumple todo lo pactado, todos los compromisos contraídos por Zapatero con los etarras. El antecedente de la terminal 4 de Barajas demuestra que esas amenazas no se hacen en vano. El Gobierno zapatético permanece de hinojos ante Eta.
Querido Luis María...
No sé si es el hastío o la indignación, pero tus cartas son cada vez más cortas. Son brochazos a los que no tengo nada que matizar y mucho que añadir. Yo también estoy cansada y enfadada. Se han cumplido tus presagios más amargos y nuestros peores temores. Gracias a Zapatero, con la colaboración necesaria del Fiscal General del Proceso, ya no hay vuelta atrás: ETA se presenta a las elecciones. España será el único país democrático del mundo con terroristas irrepentos (como académico, ¿me das licencia para acuñar el término?) en sus instituciones. Seremos los únicos ciudadanos europeos en financiar con nuestros impuestos las actividades lúdico-criminales de una banda de pistoleros. Los únicos en entregar los datos de los censos electorales, es decir, nuestros nombres, apellidos y direcciones, a quienes nos quieren exterminar. Te recuerdo que a Miguel Angel Blanco lo secuestró y mató ETA tras el chivatazo de un compañero suyo del Ayuntamiento de Ermua, un concejal de Batasuna, como los cientos de concejales al servicio de ETA que el próximo mes de junio volverán a ocupar los despachos municipales bajo el paraguas de la vieja ANV.
Un buen amigo comentó ayer con amarga ironía: «Batasuna, chapeau: ha logrado engañar al Estado». Otro le interrumpió: «No. Lo tenían de su lado». El Gobierno ha jugado a favor de ETA; probablemente incluso haya pactado con Batasuna el método de su presentación a las elecciones, un rocambolesco fraude en tres actos dirigido por Zapatero, Rubalcaba y Conde-Pumpido.
Acto primero: se presentan simultáneamente un partido señuelo adornado con lucecitas de neón, ASB, y agrupaciones electorales bajo la misma marca trampa, AS. Los servidores de Zapatero, todos firmes, todos prestos, los impugnan como prueba de su contundencia en defensa del Estado de Derecho.
Acto segundo: empieza el paripé, el mirar para otro lado, el silbar El puente sobre el río Kwai. Más de 300 agrupaciones electorales, con siglas distintas pero los mismos genes etarras, brotan como setas a lo largo y ancho del País Vasco y Navarra. Fiscal y Abogado del Estado arrastran los pies: frenan un puñado, y el resto, que pasen rápido, rápido, y no se note demasiado.
Acto tercero: Mikel Antxa celebra desde la cárcel la ejecución de su plan de utilizar ANV para burlar la ilegalización de Batasuna. Zapatero invoca «la ley, la ley, la ley», mientras sus colaboradores la tuercen, la tuercen, la tuercen. Conde-Pumpido da una vuelta de tuerca a la política de cuotas -se aceptan dos terroristas por lista- y pisotea el artículo 12 de la Ley de Partidos para que la flamante ETA-ANV pueda presentar más de la mitad de sus candidaturas. Precisamente en sus feudos electorales. Es decir, donde puede alzarse con alcaldías.
Y yo vuelvo a la pregunta de siempre: ¿Qué mueve a Zapatero? ¿Por qué un obseso de los sondeos asume el coste electoral de excarcelar a De Juana Chaos, absolver a Otegi y colar a una ETA rearmada en las instituciones democráticas? En cada encrucijada, y la más terrible fue el bombazo de Barajas, he pensado: «Ahora sí va a rectificar; se va a dirigir solemnemente a los españoles y les va a decir: 'he hecho lo que he podido; lo he intentado; he buscado la paz, pero me han engañado; ahora os pido vuestro respaldo para derrotar juntos a quienes nunca han buscado una solución, sino imponer su exigencias mediante el terror'». Una y otra vez, me he equivocado. Después de darle muchas vueltas, tras bucear en explicaciones psicológicas y estratégicas, sólo me queda coincidir contigo en que Zapatero es prisionero de sus compromisos y de su propia torpeza al hacer de la paz contra el PP su único proyecto político para esta legislatura. ETA le ha dicho: o volvemos a los ayuntamientos o volvemos a matar. Y él ha vuelto a desenvainar su doctrina del mal menor para justificar dos males mayores: un delito y un error.
El delito es hacer de la mentira un método. Y el gigantesco error conceptual de fondo, creer que se puede acabar con el terrorismo mediante el diálogo, la mano tendida, la sonrisa y la cesión. En una demostración de fuerza sin precedentes y desde luego impensable hace tres años, Batasuna ha recogido 80.000 firmas y ha presentado unas 800 listas electorales con más de 6.000 candidatos. El PNV tiembla. Pero también debe temblar Zapatero. Los socialistas podrán desplazar a los nacionalistas como primera fuerza política en Euskadi y podrán expulsar a UPN del Gobierno de Navarra, pero nunca conseguirán integrar a ETA en el sistema. Al contrario. Acabarán como los apaciguadores cuya estéril cobardía denunció Churchill en una sentencia premonitoria: «Os dieron a elegir entre la guerra y el deshonor. Elegisteis el deshonor y tendréis la guerra»
Tras este experimento fallido sólo queda un camino. Y un partido. Esta semana, entre los espejos cóncavos del Ritz, he sentido una mezcla de tristeza y orgullo. He escuchado a tres políticos vascos del PP hablar en primera persona y para la posteridad: María José Usandizaga: «En estos treinta años, no he conocido la libertad». Antonio Basagoiti: «Nuestra esperanza no puede ni debe depender nunca de lo que haga ETA». Alfonso Alonso: «Nosotros no somos Leónidas y los 300». No, no lo somos, Luis María. No estamos para resistir heroicamente hasta ser aniquilados. Estamos para ganar la batalla de la libertad en España. Aunque suponga empezar de cero.
SIN CONCORDIA ENTRE LOS GRANDES PARTIDOS
Querida Cayetana...
Perfecta tu carta. Extensa, pero perfecta. Lo bueno si breve dos veces bueno, escribió Gracián. Tu carta es dos veces buena sin ser breve. He dedicado en los últimos meses muchas canelas finas a anticipar lo que tu afirmas hoy. Zapatero y Eta Batasuna habían acordado, entre sus pactos y compromisos, no impugnar las listas en aquellos municipios en los que los etarras batasunos puedan ganar. Esa es la realidad que surge tras la máscara de tantos paripés y tantas huecas declaraciones. El Gobierno actual ha decidido que Eta esté presente políticamente en las instituciones vascas.
Iñigo Urkullu, portavoz del PNV, ha declarado no sé si con ingenuidad o con mala baba: «Esperemos no estar asistiendo a un proceso electoral manejado con la calculadora en una mano y la aplicación de la ley D'Hont en la otra». Y a continuación especuló sobre el acuerdo entre Zapatero y los batasunos.
Acabo de terminar el libro, excelente por cierto, Pasión por la libertad de Federico Quevedo, hábilmente prologado por Adolfo Suárez Illana. El pensamiento político del que fue presidente del Gobierno durante la Transición queda sintetizado en la obra. Zapatero está haciendo lo contrario de lo que en 1976-78 acordaron Felipe González, Tarancón y Suárez. Ha quebrado la concordia entre los dos grandes partidos amasada entonces, entre el centro derecha y el centro izquierda que representan a más del 80% de la población española. Será difícil que en pocos años no se planteen agrias actitudes de independencia en Cataluña y el País Vasco, con contagio posterior a otras regiones. No es una especulación. Dirigentes cualificados de los partidos nacionalistas vascos y catalanes así lo han declarado, mientras el presidente del Gobierno, como la marquesa Eulalia de Rubén Darío, sonríe, sonríe, sonríe.
Querido Luis María...
«Para reflexionar sobre la política, hay que ser lo más racional posible, pero para hacer política hay que utilizar inevitablemente las pasiones de los hombres». Las palabras de Raymond Aron nos recuerdan hasta qué punto tienes razón al contraponer la prudencia de Suárez e incluso de González frente a la irresponsabilidad de Zapatero. Con la colaboración de los nacionalistas, las pasiones de los españoles han sido agitadas estos últimos tres años como no lo habían sido desde la Guerra Civil. Como tú, no puedo ser optimista respecto a las reivindicaciones independentistas más o menos explícitas. Pero, al revés que tú, me pregunto si el centro es realmente la solución.
He seguido en París los últimos días de la campaña presidencial y he visto con estupor y tristeza cómo Bayrou, el gran centrista, ha apoyado de forma solapada, torpe, cobarde y, si Dios quiere, contraproducente a Ségolène Royal. En un primer análisis, un cálculo político egoísta: una victoria socialista favorece la carrera personal de Bayrou. Nada (o, por lo menos, nada que no sea lamentar de manera general la ambición de un político mediocre) que objetar. Pero, en un análisis más profundo: ¿no será esta reacción la expresión de un sentimiento mucho más recóndito e inquietante?
En Francia se libra hoy la mayor batalla ideológica desde 1981. A favor de Royal, los partidarios de que el Estado siga siendo el centro de la actividad económica y del sentimiento nacional. Con un gasto público del 55% del PIB y un colectivo de funcionarios que representa el 25% de la población activa, lo primero es casi inevitable. Respecto a la identificación del Estado con el patriotismo, se impone una tradición ancestral que (de Juana de Arco a la Marianne revolucionaria, de Rolando al Rey que fue Estado, de De Gaulle a Mitterrand) niega al individuo al personificar la nación. Y qué mejor ejemplo que ese eslogan incomprensible: «La France présidente». Con Royal están también los que anteponen la reivindicación al esfuerzo, lo colectivo a lo individual, el confort al riesgo, el miedo a la ilusión. Y, por supuesto, muchos idealistas desinformados, intelectuales convencionales, trabajadores asustados e inmigrantes inseguros.
Sarkozy, por el contrario, exige riesgo y esfuerzo; es decir, exige el cambio. En lo económico, pero también en lo afectivo, reclama el protagonismo del individuo. El suyo es un proyecto liberal, en el que la responsabilidad recae en las personas y no puede ser transferida al Estado. Por oportunismo y por convicción, su liberalismo es imperfecto: hay concesiones al patriotismo y cesiones a los grupos de interés; hay eufemismos y verdades a medias. Pero, en esencia, su apuesta es ésta: Francia es un conjunto de ciudadanos libres que tienen el derecho de prosperar y el deber de decidir. Incluso su patriotismo, tan vehemente como el de Royal, es una invocación al orgullo individual de un conjunto de ciudadanos con igualdad de oportunidades y unos valores comunes.
Sarkozy: la liberté; Royal: l'égalité. Dos principios básicos, pero no siempre compatibles. Cuando colisionan, uno de los dos debe prevalecer. Y ahí es donde el centro puede fallar, porque a menudo el centro es sólo una manera de decir que nos gustaría que las cosas mejoren sin cambiar. Y eso, como sabe Sarkozy, es imposible.
ELECCIONES A LA VUELTA DE LA ESQUINA
Querida Cayetana...
No sé si el Gobierno del PSOE ha activado y presionado para que el asunto Pantoja tapone el escándalo de la burla batasuna que permitirá a Eta, a través del PCTV y de ANV, presentarse a las elecciones, sentarse en las instituciones del Estado y especular impunemente para forrarse de dinero. Creo en todo caso en la independencia del juez Torres y en su actuación seria y rigurosa.
No sé si el PP ha aprovechado el escándalo para arremeter contra el PSOE porque las elecciones están a la vuelta de la esquina monclovita.
Lo que si sé es que Isabel Pantoja no se merece que se politice este asunto. Es una mujer inteligente, con un gran sentido del humor, sencilla y buena gente. Una extraordinaria cantante, además. Conscientemente no sería capaz de cometer delito alguno. No sé si alguien la habrá liado porque el amor es ciego. Carezco de información sobre el proceso judicial, pero, hoy por hoy, Isabel es inocente. Si el juez la condenara, yo aplicaré el principio cristiano que aprendí desde niño: odia el delito y compadece al delincuente. Y seguiré resaltando sus cualidades que son extraordinarias, frente a las mezquindades y los resentimientos.
© Mundinteractivos, S.A.

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