1.222.000 casas sin papel higiénico, de Víctor Rodríguez en Crónica de El Mundo
CONSUMO: ALTERNATIVAS EN EL CUARTO DE BAÑO
En el váter. En Japón uno se sienta, aprieta mientras del inodoro sale música, pongamos de los Beatles, y cuando termina, el váter le limpia sin que en el proceso se haya cortado un centímetro de papel higiénico. Unos 800 millones de campesinos chinos aún hacen sus necesidades en agujeros y se limpian con lo que pueden, que casi nunca es una hoja de suave papel del váter. Muchos musulmanes, siguiendo una tradición (no establecida en el Corán como erróneamente afirman algunos), no usan sino agua para limpiarse tras pasar por el aseo. Y en España... En España, en 2006 no se compró papel higiénico en 1.222.000 hogares, el 8% del total. ¿Somos más guarros? ¿O más limpios? ¿Llega el ocaso de unos de los pocos productos que todavía igualan a pudientes y menos pudientes?
La explicación tiene en parte que ver con que los rollos son cada vez más largos, los paquetes tienen cada vez más rollos y los hogares son cada vez más pequeños. Pero no sólo. La profusión de alternativas -de toallitas húmedas a váteres con bidé incorporado-, la creciente conciencia ecológica o lo que podríamos llamar aprovisionamiento alternativo -en plata, el robo del papel de los centros de trabajo- también explican que menos gente compre.
«No lo tenemos medido», comenta Lorenzo de Cárdenas, responsable de marketing de Renova, la empresa que ha hecho el estudio, «pero en conversaciones con clientes surge el tema de que en oficinas hay gente que se lleva el papel a casa». Algo que han observado también en varios hoteles.
En círculos ecologistas, entretanto, se aboga por moderar el uso de papel de atrás. Hace unos días, la cantante norteamericana Sheryl Crow instó a sus fans a utilizar «un único recorte de papel higiénico, salvo en esas molestas ocasiones en que puedan hacer falta dos o tres». Según dijo en 2005 Duncan Pollard, de la organización WWF, cada día se desechan en el mundo 270.000 árboles entre papel higiénico, pañuelos de papel, servilletas... El cálculo es impreciso y quizás inflado, pero el problema no es sólo la tala de árboles sino el uso de productos nocivos para blanquear la pasta.
En cualquier caso, es una preocupación de hace poco. Hasta anteayer, cada uno se apañó con lo que tenía a mano: piedras, mazorcas de maíz, hojas de lechuga o higuera, conchas... Incluso paños de algodón y encaje entre la nobleza del Antiguo Régimen. Parece que en el siglo XIV la Oficina de Suministros Reales de China ya fabricaba papel, como producto de lujo, para el aseo exclusivo de emperadores. Pero el papel higiénico moderno nace en Nueva York en la segunda mitad del siglo XIX. En 1857, un tipo llamado Joseph Gayetti puso en el mercado lo que él llamaba «papel terapéutico», impregnado con aloe. Eran hojas sueltas, 500 por paquete de 50 centavos. Fracasó, pero sentó las bases para que 30 años después, tres hermanos de apellido Scott empezaran a hacer negocio con un papel, ya sí, en rollos.
Desde entonces se ha trabajado en hacerlo más suave sin perder resistencia, pero no se ha innovado mucho. Hasta hace unos años. Cuando han llegado las micropartículas de crema, los aromas de cedro del Líbano, el papel negro... La propia Renova ha elaborado una carta de restaurante pijo con sus papeles: «Quattro: cuatro finísimas capas locionadas con crema microparticulada color vainilla al aroma del palo de rosa. [...] Canela y Jazmín: el placer de los sentidos en nuestro papel húmedo. La canela es el condimento indispensable en cualquier creación de alta repostería...».
«Se trata de que el papel higiénico deje de ser el patito feo de la cesta de la compra», explica De Cárdenas. «El sibaritismo ha llegado a casi todo; faltaba que llegara al váter. Por qué no puede haber cierto placer en comprar papel higiénico, en enseñarlo a los amigos. No es algo para usar todos los días, sino para ocasiones especiales». Y por lo que, de paso, pagar algo más de un euro por rollo, unas seis veces más de lo que se pagaría por un vulgar rollo blanco de doble capa.
El papel un poco pretenciosamente llamado premium (de colores o con características especiales: más capas, perfumado, etc.) ya suma el 10% de las ventas y se empiezan a ver rollos con dibujos o pasatiempos. Hay una web (www.printedtp.com) en la que por 48 dólares (36 euros) uno puede comprar cuatro rollos con la foto que quiera, incluso un autorretrato. «Aquí el consumo se mantiene constante e incluso crece pero no somos muy sofisticados», explica Daniel Isart, de Scottex. «En Italia o Inglaterra las ventas de papeles premium son el doble. El consumidor español es más primitivo: busca calidad-precio. Pero sí hay tendencia a que se desarrollen».
Aunque si de lo que se trata es de exclusividad en el escusado, el papel sobra. La solución se llama Lumen, cuesta 3.583 euros y viene de Japón vía la empresa de saneamientos Roca. Se trata de un inodoro con bidé. Allí más de la mitad de los hogares tienen versiones más o menos avanzadas, algunas tan refinados que emiten fragmentos musicales para disimular los inevitables sonidos corporales que acompañan el íntimo acto.
Con el Lumen no hace falta ni levantar la tapa. Él solo la sube cuando detecta una presencia. Al terminar, el váter suelta un chorro de agua cuya temperatura y presión se regula con mando a distancia. Después, un chorro de aire seca las partes pudendas. No se ha desarrollado, que se sepa, el modelo que, acabado el trámite, suba y abroche los pantalones. Todavía.
CLAVES
PAPEL, PAPEL, PAPEL...
En España se gastan más de 2.000 millones de rollos de papel higiénico al año. / Desplegados uno tras de otro recorrerían 36 millones de kilómetros (como 94 viajes a la luna). / La media es de 44,5 rollos por habitante y 23,5 euros por hogar. / Las regiones que más gastan son Galicia y Asturias. / Las que menos, Valencia, Murcia y el área metropolitana de Barcelona
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