ASI LO CUENTAN

Pasada la medianoche del viernes al sábado, demasiado tarde para que lo pudiéramos recoger aquí ayer, emitía Cuatro, la cadena en abierto del grupo Prisa, su muy publicitado reportaje 11-M, la derrota de los embusteros. Como no siempre va a ser 'El País' el que adelante acontecimientos, ya cerca de 24 horas antes de su emisión comentaba muy encomiásticamente este ejemplo de «periodismo pertinente» Javier Pérez de Albéniz desde su blog de 'elmundo.es', El descodificador:

«Fíjese en los datos, la documentación, los testimonios... Y añádalo a su disco duro mental, ése que se las ve canutas para procesar las toneladas de información y desinformación que ha recibido a lo largo de los últimos años. El reportaje causará revuelo, pero es un denso, oportuno y digno repaso a los tres meses de macrojuicio por el atentado de Madrid en que murieron 191 personas. ¿Se podría aplicar a la televisión la máxima de Thomas Jefferson en la que asegura que 'el hombre que no lee nada está mejor educado que el hombre que sólo lee periódicos'? A comienzos del siglo XIX, cuando el político norteamericano pronunció esas palabras, el periodismo televisivo no existía. Pero sí los gobiernos. Regresa Jefferson para sentenciar: 'La historia, generalmente, sólo nos enseña qué es un mal gobierno'».

Así que, animado por tanta alabanza, uno se colocaba ante el televisor para ver cómo, muy serio y circunspecto, Iñaki Gabilondo proclamaba -¿a que no lo adivinan?- la muerte de la teoría de la conspiración.

Lo que sucede es que uno pertenece quizá a una escuela demasiado vieja del periodismo y no está al loro de lo que hoy se considera pertinente, pero, qué quieren, acabó bastante desencantado. Afirmar que se va a hablar de datos y no de teorías ni de fabulaciones está bien, pero luego hay que demostrarlo. Y ahí oímos, como si fuese una verdad establecida en el juicio, que «la cadena de custodia de la mochila de Vallecas no se rompió nunca», lo cual, sencillamente, no es así. Y también se despachó el increíble incidente de la avería de El Chino en la N-1 con un coche lleno de ropa robada y con documentación falsa, que acabó con la Guardia Civil ¡llevándole hasta su casa!, con esta frase inefable: «La mala suerte, la impericia o el azar» impidieron que este delincuente fuera detenido...

Más que pertinente, todo ello nos pareció, como suele decir Gómez Bermúdez... impertinente.

Y luego, ya grabado el documental que pretendía finiquitar la fase testifical del juicio, llegaría el islamista de libro Kamal Ahbar («el moro Muza», en expresión de Luis del Pino), con una teoría de la conspiración absolutamente nueva. La fábula del talibán, titulaba El País; El preso Ahbar abre la 'tercera vía', decía 'La Razón'.

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