AQUI NO HAY PLAYA

Como vivo enfrente del Penta algunos me llaman la Chica de Ayer. Ayer era ese lugar donde nuestra madre nos decía que no saliéramos de casa con la ropa interior sucia porque nos podía atropellar una ambulancia y pasaríamos una vergüenza espantosa. Ayer era también el tiempo en que las abuelas y las tías nos aseguraban que como en casa no se está en ningún sitio. Adonde vas a ir el Puente de Mayo con todos esos atascos y esos accidentes, tú quédate en casa en el corazón de Madrid que son las Fiestas en el Dos de Mayo, en el Barrio de las Maravillas. Lo que no sabían las madres ni las abuelas ni las tías es que últimamente es más seguro irse de Puente que quedarse en casa desde que Malasaña se ha convertido en Zona Cero. En Zona Sitiada. Algunos de mis vecinos no pudieron en estos días salir a cenar porque al intentar volver a casa les confundieron con los del botellón y acabaron descubriendo que la mejor manera de acabar con la ropa interior ensangrentada (cuando acabas en un hospital de campaña, y para decepción de mi madre nadie se preocupa por el color de tu ropa interior) es simplemente volver a casa si es que vives en Malasaña.

Como me decía una vecina lo único que me consuela es que debo parecer muy joven para que la policía me tome por alguien del botellón. Ni tanto ni tan calvo, dicen los del barrio. Es cierto que algunos están cansados de que los jóvenes meen por las esquinas pero ver a los antidisturbios corriendo detrás de inocentes ciudadanos nos remite a tiempos pasados que nadie quiere recordar y menos el Barrio del Corazón de la Movida cuando Madrid renacía y la vida era una madrugada. Ahora la vida es una cena con los amigos pero si vives en Malasaña en estos días no habrás podido ni pedir una pizza por teléfono, no se puede pedir a un mensaka que acabe en la UVI por atravesar un barrio sitiado. Contenedores ardiendo y mensajes por Internet atrajeron al barrio a gentes a las que no veíamos nunca. A esos jóvenes que creen que los disturbios son un deporte, rebeldes sin causa. Gente que no paraba por Malasaña excepto ahora que hay «mogollón». Los otros, los que cada noche esperaban sentados en mi portal y se levantaban cuando yo llegaba a abrir haciéndome sentir mayor de lo que soy y mucho menos joven que ellos. Los otros se han ido. Quizá se hayan ido conmigo a la Feria del Libro de Alcorcón.

La violencia sólo engendra confusión. Los vecinos añoran una verbena del Dos de Mayo en la Plaza que conmemora la unión del pueblo de Madrid contra una invasión. Quizá una fiesta sea una alternativa al botellón nocturno. Para acabar con los que no respetan el sueño ajeno la solución no puede ser dar una paliza a todo el mundo. Malasaña ahora espera y merece volver a ser de nuevo el Barrio de las Maravillas.

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