No tienen ustedes el monopolio...". Nicolas Sarkozy no acabó la insinuante y evocadora sentencia. Pero se le escapó lo bastante, en la acalorada discusión sobre los disminuidos, para sospechar que a ese supremo debate antepresidencialista el candidato derechista acudió aleccionado por Giscard d´Estaing, su reciente anfitrión. El sereno comportamiento, la contención, la insólita frialdad y autodominio permitían imaginar que el otrora vehemente candidato salía de un cursillo acelerado. Y esperó que en ese competido torneo fuera la valiente y no menos audaz Ségolène Royal quien, a la larga, perdiera los estribos.

Todo hace pensar que, en Clermont-Ferrand, sede giscardiana, el ex presidente y, según los sondeos, virtual nuevo inquilino del Elíseo sellaron una alianza histórica. Giscard ponía el peso de su autoridad moral en el rescate a favor de Sarkozy, de la mayor parte de diputados y alcaldes de la UDF, de la que fue fundador. Además aceptaba la decisión del candidato de abandonar, por imposible, el rechazado texto del proyecto de Constitución de Unión Europea.

Por su lado, Sarkozy se comprometía, a cambio, gestionar la aprobación por vía rápida de un nuevo y reducido texto confeccionado en Berlín y sometido a votación en los distintos parlamentos. Un minitratado, aceptado por mayoría, al incluir la eliminación de la unanimidad. Y que comprenderá también la elección, a corto plazo por un periodo quinquenal, del primer presidente de Europa. ¿Candidato propuesto? ¿Quién, sino Valéry Giscard d´Estaing? El sueño de media vida. De confirmarse los pronósticos, mañana puede empezar a tener visos de realidad su anhelada y legítima aspiración.

En el espectacular debate televisivo del miércoles, por parte de Sarkozy no creo que hubiera improvisación al suscitar el enfado de Madame

Royal.Referirse a la situación de los deficientes se antojaba una provocación calculada, pues a Sarkozy le constaba, y así lo expresó, que el doloroso asunto afectaba a su antagonista: "Je sais que cela vous touche". Funcionó el reflejo condicionado. Tal vez estuvo asesorado por Éric Besson, el topo y tránsfugo que mejor conoce la sensibilidad de su odiada ex correligionaria.

Ala inteligencia e intuición de Ségolène no se le ocultó que su rival le había tendido una trampa. Entró en cólera y lanzó una frase espontánea que también merece verse estereotipada: "¡No juegue usted con las miserias de las gentes!". El incidente venía precedido por un molesto aire de condescendiente superioridad y unos golpes bajos, citando a Hollande sin venir a cuento, que caldearon la atmósfera. Sarkozy se vengaba así de los dardos recibidos cuando, a sus reivindcaciones, la socialista replicaba por qué no hizo nada durante cinco años de gobierno. De ahí que los elogios finales que un Sarkozy muy cortés propinó a Royal, aunque respondieran a la evidencia, sonaron a cierta hipocresía. La política es la política, dirán los cínicos.