ELECCIONES AL PARLAMENTO ESCOCÉS

Los críticos de Alex Salmond en Escocia dicen que es un personaje arrogante y demagogo, con un sentido del humor agrio y deje autoritario a la hora de dirigir el partido. Pero hasta sus más acérrimos enemigos -muchos, teniendo en cuenta que quiere acabar con el Reino Unido- admiten que es un apasionado orador y magnífico estratega, además del incuestionable ganador moral de las elecciones al margen de que pueda o no formar gobierno. Le gusta apostar, lo mismo en la política que en los caballos, tiene aires de gran estadista, y ha renovado su vestuario para dar una imagen más cool.

Hijo de una conservadora seguidora de Churchill y de un funcionario tan estalinista que era apodado el tío Yosif, Salmond defendió ya en la universidad posiciones de izquierda posteriormente suavizadas por su experiencia en el Bank of Scotland, donde trabajó como economista en los años ochenta y adquirió una experiencia en cuestiones financieras que le ha servido para modernizar el SNP y elaborar un programa creíble basado en la administración de los beneficios del petróleo del mar del Norte, la reducción de los impuestos a las pequeñas y medianas empresas, y la potenciación de los servicios financieros. Sus modelos son Irlanda y Noruega.

Devolver la ilusión

"Los ingleses no tienen nada que temer de la independencia de Escocia - dice-. Les iría mejor que ahora, ya que tanto se quejan de subvencionarnos. Seguirían siendo amiguetes y nuestro principal mercado comercial, no habría fronteras, mantendríamos la libra esterlina y no tenemos ningún problema en seguir siendo súbditos de la reina Isabel. Al fin y al cabo, hace tres siglos se unieron dos coronas, no dos estados". Salmond promete colaboración con Londres en vez de confrontación, pero al mismo tiempo reclama el control de las reservas de petróleo, gas y energía eólica, y de las negociaciones con la Unión Europea en materia pesquera.

Alex Salmond es el mejor político escocés, un hombre infinitamente más carismático que el tecnócrata Jack McConnell, primer ministro laborista al frente de una Administración insulsa cuyo mayor logro ha sido la prohibición de fumar en lugares públicos. El Partido Nacionalista Escocés (SNP) promete "devolver la ilusión a los escoceses" con un programa radical de defensa del medio ambiente con el objetivo de reducir en un ochenta por ciento las emisiones de carbono de aquí al 2050, el veto a la construcción de las dos nuevas centrales nucleares propuestas por el Labour, la prohibición de que submarinos nucleares naveguen por el río Clyde, la creación de una nueva agencia de fomento del turismo, el reclutamiento de mil policías para patrullar las calles y combatir la delincuencia, la imposición de penas más severas a quienes lleven armas blancas, la ampliación de la red de puertos y carreteras, la reducción de las listas de espera en los hospitales y del número de alumnos por clase en los colegios públicos. Sus rivales aducen que las cuentas no le cuadran sin subir los impuestos, a lo cual el líder independentista responde: "Esperad y lo veréis".

Tras una década de liderazgo del SNP, Alex Salmond renunció inesperadamente al cargo en el año 2000, manteniendo su escaño en Westminster por la circunscripción de Banff y asegurando que no volvería "nunca, bajo ninguna circunstancia" a colocarse al frente de la formación. Pero ya se sabe que las promesas de los políticos son por lo general papel mojado, y cuatro años después - tras el batacazo de su sucesor, John Swinney, en las elecciones del 2003- volvió a hacerse con el timón del partido y cambió su fortuna con un programa de independentismo gradual que le ha reportado excelentes beneficios.

Si se compara con Catalunya, el SNP aúna elementos de Convergència y de Esquerra. Es el partido del establishment nacionalista escocés, pero al mismo tiempo plantea abiertamente la cuestión de la independencia como su objetivo fundamental y con un calendario definido. En la práctica, tiene el monopolio del nacionalismo, porque todos sus grandes rivales son unionistas y tan sólo formaciones de extrema izquierda como los Socialistas Escoceses apoyan la autodeterminación y una eventual soberanía. Tiene diversas fracciones, como todos los grupos, y algunos toques autoritarios en materia de ley y orden.

Su responsable de finanzas, Jim Mather, es un contable y self made man que hizo su fortuna a partir de un pequeño negocio de informática. El SNP goza de apoyo en todas las clases sociales y ofrece un planteamiento socialdemócrata - o incluso socialista- de la sanidad, la educación y el Estado de bienestar, pero en materia económica se fija en el modelo de Irlanda y propone una reducción drástica de los impuestos corporativos, de la que se beneficiarían unos ciento veinte mil pequeños empresarios.

"No tiene ningún sentido tener un Parlamento escocés si nos vamos a quedar ahí, en una versión local de Westminster - afirma Salmond-. Hay que ser sinceros en el tema de la nacionalidad. Sé que en este momento saldría que no en un referéndum, pero nuestro objetivo es demostrar con los hechos que somos capaces de administrar Escocia y convertirla en el mejor país pequeño del mundo. Y después ya veremos qué pasa".