Avance nacionalista y retroceso laborista, de Montserrat Guibernau en La Vanguardia
ELECCIONES AL PARLAMENTO ESCOCÉS
Una cierta amargura se perfila en la sonrisa forzada del primer ministro Tony Blair al comentar los resultados. El Partido Laborista registra pérdidas significativas en las municipales, deja de ser el mayoritario en Gales y en Escocia retrocede ante el avance del Partido Nacionalista (SNP). La herencia de Blair puede transformarse en una pesadilla para Gordon Brown, sobre todo si los conservadores, con Cameron, le arrebatan el poder en las próximas elecciones.
El resultado electoral indica que muchos británicos - algunos tradicionalmente fieles al laborismo- se oponen a la postura del Gobierno en Iraq y condenan los recientes escándalos de corrupción; como otorgar el título de lord a cambio de donaciones al partido. Pero el descontento es más profundo, de hecho algunos acusan al nuevo laborismo de haber dejado de ser laborista. En los últimos diez años, el Reino Unido se ha consolidado como el país de la UE donde las diferencias entre ricos y pobres son más significativas; en el 2006 la fortuna de las mil personas más ricas creció un 20% (The Times,29 abril); la pobreza infantil se incrementó, y uno de cada siete niños es educado en la escuela privada, lo cual supone un fuerte retroceso de la escuela pública (The Independent,4 mayo).
El laborismo está dividido entre los que respaldan el new labour promovido por Blair y los que confían en que, una vez convertido en primer ministro, Gordon Brown - a pesar de sus recientes declaraciones en sentido contrario-, sea fiel a sus orígenes, marcados por una intensa preocupación social que cabe situar dentro de la tradición laborista escocesa, así como por su condición de hijo de un sacerdote presbiteriano.
Escocia no será independiente, al menos en un futuro próximo, pero el nacionalismo crece de forma rotunda y decidida. El Partido Laborista pierde votos, pero mantiene el tipo y aún es posible que consiga retener el gobierno si consigue pactar con los liberaldemócratas. A pesar del impresionante ascenso del SNP, su líder, Alex Salmond, no ha conseguido convencer a una clara mayoría para que respalde su propuesta. Sin duda, las advertencias de Blair y Brown - ambos nacidos en Escocia, aunque sólo el segundo ejerce de escocés- han hecho mella en el electorado. Los líderes laboristas han sembrado el miedo a la inestabilidad que podría generar un gobierno liderado por el SNP y han advertido que los impuestos crecerían desmesuradamente en una Escocia independiente y que su situación internacional sería mucho más vulnerable. Aun así, todavía está por ver quién gobernará en Escocia, todo dependerá de los pactos postelectorales.
El proceso postelectoral está siendo profundamente afectado por el caos provocado al declarar nulos alrededor de un 10% de los votos en Escocia (unos cien mil). La confusión al rellenar las papeletas y, para arreglar las cosas, la introducción de un nuevo sistema de recuento electrónico que ha resultado ser un desastre están generando innumerables quejas; pensemos que la clave de la victoria podría estar en esos cien mil votos.
También en Gales gana votos la opción nacionalista de Plaid Cymru, incremento que hay que atribuir en gran parte al deseo de castigar al Partido Laborista. Aun así, la composición del gobierno galés también parece deudora de los pactos postelectorales. Las mayorías absolutas se evaporan, no sólo en Escocia y Gales, y esto requiere una estrategia electoral distinta que preste mayor atención a las consecuencias de esta posibilidad.
La devolución representa el cambio más significativo introducido por Blair en lo que concierne a la estructura del Reino Unido, lo que no estaba previsto es la posibilidad real de que Gales y Escocia fueran gobernados por otros partidos distintos del laborista. Los resultados electorales del día 3 sitúan esta posibilidad al alcance de la mano.
