EL RUNRÚN
Hace unos días estuve leyendo Galería de la estupidez,una recopilación de "las sandeces y los despropósitos que desde la Antigüedad las mentes más preclaras y las elites de cualquier estamento han ido pregonando con absoluta seriedad". El autor del libro - publicado hace años- es Mauricio Wiesenthal, que incluye un montón de pifias narrativas, muchas de ellas francesas (no sé el porqué de esa predilección).
Abundan las de Honoré de Balzac. Una: "El comisario de policía responde silenciosamente: ´No está en absoluto loca´". Otra: "La casa que Rouget había heredado de los Descoing ocupa el centro de la plaza de San Juan, una especie de cuadrado largo y muy estrecho". Pero también las hay de Alphonse Daudet ( "Mudo, con los brazos cruzados, Tartarín observa, juzga, critica a voz en grito") y de Émile Zola ( "Désirée, que había comido también su sopa, seriamente, sin abrir los labios, acababa de levantarse"). De ese libro, mis dos preferidas son de Guy de Teramond y de Gustave Flaubert, en la primera edición de Bouvard et Pécuchet.La de Teramond: "´¿No tienes frío, mi querida Jenny?´, se inquietó, con apresuramiento, el joven. ´No, dear´,respondió ella con un ligero acento que denotaba su origen extranjero". La de Flaubert: "Su casulla, de color verde manzana y adornada con flores de lis, era azul celeste".
Como el mundo del cine y la televisión (el audiovisual, lo llaman) es muy suyo y siempre tiene que distinguirse, ha creado una categoría especial de errores. Son los fallos de raccord.Muchas veces el protagonista tiene el vaso de whisky en la mano derecha, cambia el plano y - oh, milagro- el vaso está en la mano izquierda. Otras, la protagonista lleva el tirante del vestido caído y, acto seguido, al cambiar de plano, el tirante ha recorrido solito un trecho brazo arriba y está en el hombro. Hay especialistas en detectar fallos de raccord,y recopilarlos en libros y en weblogs. Me encantan, pero también los anacronismos. Recuerdo haber visto de niño una película de romanos (¿Los últimos días de Pompeya?)en la que, en medio de un paisaje de templos, y señores y señoras con túnica yendo de un lado para otro, se distinguían, a lo lejos, unos postes de electricidad.
O bien en la época del emperador Tito ya conocían los usos de la electricidad (y en la escuela nos engañaban diciéndonos que era un descubrimiento moderno) o bien alguien se había columpiado.
El jueves de la semana pasada estrenaron en TV3 una nueva serie dramática titulada La Via Augusta.En ese primer capítulo hay una escena en la que Joan Lluís Bozzo ejerce de comerciante de esclavos. Lo encontramos vendiendo al mejor postor un grupo de íberos que han atrapado cerca de Ilerda. Son gente sucia y maloliente que, según dejan ver, aún no han conocido las delicias de la romanización. Y entonces, en plena subasta, para mostrar los encantos de una de las esclavas, Bozzo arranca el trapo gris con el que la mujer se cubre y aparece desnuda. Y ahí está lo bueno del caso: lleva el pubis retocadito, con las pilosidades limitadas a un triángulo perfectamente cuidado. No es un depilado brasileño, evidentemente, pero está a años luz de la pelambrera selvática que debía llevar aquella señora, si realmente salía de una tribu íbera y no de Sthetic Integral. No pienso perderme ni un capítulo.

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