El mirador
Si está usted de acuerdo con Pasqual Maragall, pulse uno. Si quiere hacerle la puñeta al president Montilla, pulse dos. Si no se aclara, pulse tres.
Llegaba la oposición con ganas de gresca y un murmullo excitado recorría el hemiciclo. A falta de pan, buenas son tortas, convencidos Mas y Piqué de que tenían a Montilla atrapado en la melancolía maragalliana.
Del Adéu, Espanya, del abuelo Joan, al desencanto del nieto, media sólo una leve corrección de estilo, aunque el mensaje sea casi el mismo. Suficiente, pensaban algunos, para asediar la fortaleza montillista y resaltar las contradicciones de un gobierno a la espera de sentencia constitucional. En este país se hacen y deshacen gobiernos por unas palabras de menos o de más, de tal o de Pasqual.
Ante el asedio, Montilla no descuelga el teléfono y deja que sea el contestador automático el que responda. Josep Piqué pulsaba el dos y sonaba la cantinela: Hola, me llamo José Montilla y soy el president. El Estatut está vigente y hay que aplicarlo.
Artur Mas pulsaba el dos, y repetía la cinta: el Estatut está vigente y hay que aplicarlo..., etc. etc.
Para animar el cotarro, el señor Joan Ridao, que últimamente vive sin vivir en él, se unió a la fiesta.
Pulsó el tres.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados