La economía, en sus ámbitos público y privado, ocuparon el centro del debate entre los candidatos a la Presidencia de la República Francesa con dos posiciones ideológicamente contrapuestas, abogando Nicolás Sarkozy, con un discurso más sólido y un proyecto más coherente, por una liberalización creciente de la economía frente a las posiciones más intervencionistas, con la permanente opinión de los agentes sociales, que defendió con bastante agresividad la candidata Ségolène Royal, hasta el punto de, en un momento del debate sobre la política de educación, acusar de inmoral a Sarkozy que, a su vez, reprochó a Royal sus modales diciéndole que un presidente de la República no puede perder los nervios.

¿Qué habrá pensado el votante de centro de este momento de alta tensión? La respuesta a esta interrogante puede ser definitiva para la suerte de uno y otro candidato. La izquierda seguramente habrá aplaudido la energía y la agresividad de Royal, y la derecha la paciencia y la habilidad de Sarkozy para sacar partido del incidente. Pero ¿y el votante del centro? Ésa será la cuestión, porque el incidente marcará los titulares de los medios y, desde luego, lo que resta de la campaña electoral.

En conjunto, la agresividad de Royal, mitad impulsiva, mitad calculada, le sirvió para mandar continuos mensajes electorales a cualificados colectivos sociales de amplia base, trabajadores, mujeres, jóvenes, ecologistas, las pequeñas empresas y funcionarios, pero sin respuestas y precisiones concretas sobre la financiación de la seguridad social, los impuestos, energía nuclear y las 35 horas semanales. Cuestiones en las que Royal se vio comprometida por causa de la diversidad de su base electoral, que va desde los comunistas a los verdes, pasando por los socialistas e intentando contentar también a los sectores liberales y moderados del centro, que son, en teoría, los que pueden inclinar la balanza de la victoria a favor de uno u otro candidato.

Y es a ese sector moderado del centro al que se ha dirigido más claramente Sarkozy con un proyecto bastante sólido y concreto, que además parecía tener las cuentas bien hechas. Por ejemplo, Royal habló de un impuesto sobre las inversiones en Bolsa, pero no fue capaz de explicar su alcance, de la misma manera que eludió el debate de las horas extras o intentó huir de la política sobre centrales nucleares. Sin embargo Royal reprochó una y otra vez a Sarkozy hacer propuestas que el Gobierno de Chirac en el que ha estado no ha llevado a cabo.

La máxima tensión llegó en el debate sobre la educación, donde Sarkozy propuso derechos jurídicos para los padres en política educativa y de una manera especial para los niños discapacitados, y esto enfadó a Royal, que acusó a su adversario de proferir un discurso inmoral por utilizar a estos niños como ejemplo, añadiendo que los derechos jurídicos sirven para poco una vez que los tribunales están desbordados por otras cuestiones. Pero a partir de ese momento el debate entró en terrenos personales y Sarkozy acusó a Royal de faltarle el respeto, perder los nervios y no estar a la altura de lo que en su opinión debe ser un presidente de la República. Royal trató de justificarse diciendo que la cólera a veces es buena frente a los discursos oportunistas. Pero a partir de ese momento el debate cambió y la tensión inundó la discusión en otras áreas, como la de la política exterior, donde Sarkozy anunció su oposición al ingreso de Turquía en la Unión Europea, para defender la Europa política, mientras que Royal permaneció otra vez en la ambigüedad.

En el resto del debate a Royal se la vio afectada por el incidente, y a partir de ese momento bajo su agresividad inicial y anduvo más a la defensiva. Pero a partir de ese momento fue Sarkozy quien pasó al ataque y buscó las contradicciones de Royal en el capítulo de la inmigración, donde otra vez Royal volvió a insinuaciones personales contra Sarkozy, al que acusó de jugar con los problemas de la inmigración mientras el político conservador le exigía que dijera, sí o no, a la concesión de permisos de trabajo a los familiares de todos los inmigrantes, a lo que Royal dijo que habría que ver caso por caso.

El debate concluyó sobre el cambio o no de régimen, a lo que se opuso Sarkozy, diciendo que Francia tiene ante sí muchos problemas como para embarcarse en una nueva República, aunque sí propuso una reforma de las instituciones. Royal sí se declaró favorable a un nuevo régimen, a favor de la VI República con una profunda reforma de las instituciones.