ELECCIONES A LA PRESIDENCIA DE LA V REPUBLICA

Decepción, impotencia, hastío. La moral de los profesores franceses se mueve desde hace tiempo entre la depresión y la furia. Los profs,como se les conoce familiarmente en Francia, no pueden más. La continua degradación del nivel escolar de los alumnos, la incomprensión que perciben en las autoridades académicas, la pérdida de poder adquisitivo y la falta de reconocimiento social están en el trasfondo del profundo malestar que aqueja a los enseñantes. Y que las perspectivas de cambio político que han abierto las elecciones no parecen capaces de mitigar.

Christian Metais enseña alemán en el liceo Léonard de Vinci de Saint Witz, una pequeña y tranquila población residencial situada 35 kilómetros al norte de París y a un tiro de piedra del aeropuerto Charles de Gaulle. Metais lleva 15 años en el oficio y está desencantado. "Estoy totalmente desmotivado, sólo espero la jubilación", confiesa. Y eso que el De Vinci, un instituto de enseñanza secundaria de tamaño medio -600 alumnos- y relativamente... nuevo - abrió sus puertas en 1990- no es especialmente conflictivo.

Aquí, probablemente porque está un poco en tierra de nadie, casi en medio del campo, no se han dado los problemas de violencia que se producen en otros institutos cercanos. El curso pasado se registraron en Francia 82.000 incidentes violentos y en los últimos cinco años las agresiones a profesores y personal no docente han crecido un 25%. "Si se piensa que agredir a un profesor no entraña ni siquiera la expulsión, ¿qué se puede esperar?", se lamenta Metais.

El instituto de Saint Witz parece haberse librado de esta plaga, pero no de los demás problemas que aquejan al sistema educativo. Nicolas Sanchis, un joven y novel profesor de ciencias económicas, no se muestra mucho más entusiasmado que su colega. "He empezado este curso y adoro mi trabajo, pero me amarga el funcionamiento de la educación - explica-, ningún profesor de entre los jóvenes se plantea quedarse tantos años en esto".

No es, desde luego, el salario lo que mueve a dedicarse a la enseñanza, ni a seguir en ella. El sueldo inicial de un profesor de secundaria se sitúa en 1.350 euros al mes y después de una larga carrera puede alcanzar 2.200, pocas veces más. En los últimos años los salarios han ido perdiendo terreno: un profesor que haya alcanzado la máxima calificación cobra hoy proporcionalmente lo que percibía en 1982 un enseñante situado dos escalones por debajo. En estas circunstancias, que el ministro de Educación, Gilles de Robien, pretenda hacerles trabajar más horas y obligarles a enseñar dos materias, en lugar de una, ha sido recibido como una declaración de guerra. A mediados del pasado mes de marzo, los profesores salieron a las calles en protesta por los planes del ministerio, y amenazan con proseguir las movilizaciones a partir de junio.

Su trabajo no sólo está escasamente retribuido, sino también mal visto. "Hay una visión negativa entre los padres y los alumnos sobre nuestro trabajo: ´holgazanes, siempre están de vacaciones, sólo trabajan 18 horas semanales...", remarca Charles Sizaret, profesor de geografía e historia en el De Vinci, quien se queja asimismo de la falta de apoyo de la jerarquía. La candidata socialista al Elíseo, Ségolène Royal, alimentó esta mala fama al plantear su intención de que los enseñantes estén 35 horas en los centros. Los profesores dan 18 horas de clase a los alumnos, pero si se suman la preparación de las clases, la corrección de exámenes y las reuniones, las horas trabajadas llegan a 35 o 40.

La queja principal de los profesores, sin embargo, es la falta de recursos para realizar su trabajo adecuadamente. No tanto de medios materiales como de personas. Francia, con un presupuesto global anual de 117.900 millones de euros - sumados los agentes públicos y privados-, es uno de los países de la OCDE que más dedica a educación. desde hace cinco años la enseñantes se ha ido reduciendo - el próximo curso se ha adicional de 8.500 puestos, ellos en secundaria-, lo que problemas de masificación. "Hablamos de oportunidades, pero por clase es imposible, no se todos", se queja Sanchis, para les condena a ser unos meros la educación".

Los alumnos tampoco ponen mucho de su parte. Se ha perdido la cultura del esfuerzo y los padres han abdicado de su responsabilidad. Lejos de apoyar a los profesores, se erigen en los defensores acríticos de sus retoños. "El alumno es el rey", apunta Metais, "se ha perdido la autoridad y la disciplina". Y Jordi Renau, profesor de español en el mismo instituto, con 20 años de experiencia a la espalda, pone el dedo en la llaga: "Hay un grave problema de nivel. Los alumnos llegan del primer ciclo de secundaria sin los conocimientos que deberían tener y, sin embargo, una vez aquí tienen prácticamente asegurado el bachillerato sin hacer nada". Y prosigue: "Se ha fijado el objetivo político de que la mayoría de los alumnos consiga el bachillerato (más del 80% lo logra) y poco importa si no tienen la capacidad; en la práctica, no pueden repetir curso porque las clases ya están saturadas, así que todos deben pasar al curso siguiente. El filtro se hace al llegar a la universidad". Cada año abandonan el sistema educativo en Francia 160.000 jóvenes sin ninguna titulación - especialmente en los barrios de las banlieues-, y la competencia de quienes salen con un diploma bajo el brazo es discutible. Los informes sobre la regresión en el dominio del lenguaje o las matemáticas se amontonan uno tras otro.

Los dos candidatos de la segunda vuelta de las presidenciales, Nicolas Sarkozy (UMP) y Ségolène Royal (PS), han puesto el acento en la necesidad de reformar el sistema educativo, pero sin explicar exactamente cómo. "Ninguno de los dos destaca por sus propuestas en este terreno, así que la gente votará en función de su ideología", opina Renau. Y los profs, como se sabe, tienen el corazón inclinado a la izquierda.