EL FUTURO DE LA CORONA: El nacimiento real

Nunca nacen dos niños iguales, ni siquiera cuando son gemelos. La segunda hija de los Príncipes de Asturias, una niña a la que pondrán de nombre Sofía (¿quién habrá ganado la porra?) tardó menos en venir al mundo que la primogénita Leonor, aunque tal circunstancia no hay que atribuirla a la inquietud de la neófita, sino a la diligencia del equipo médico habitual, que esta vez no confió tanto en la inspiración divina. En cuanto a la feliz mamá, de nuevo ha demostrado su pericia a la hora de ponerse de parto. Bingo.

La princesa Letizia es ya, para la Historia, la mamá de los puentes. Sus dos hijas han venido al mundo en pleno puente festivo, confirmando así el temor del Príncipe Felipe, quien hace unos días manifestó ante los periodistas: «Espero no estropearles el puente». Dicho y hecho. Sería acaso la proximidad de la luna llena o sería el puro cálculo de probabilidades, pero la premonición del Príncipe estaba fundada.

También la Infanta Leonor nació en pleno puente (el de los Santos) y pilló a todo el mundo descolocado. El azar se ha puesto al lado de Letizia, brindándole la oportunidad de vengarse por la cantidad de guardias que se chupó mientras ejercía la profesión de periodista.

Ni Jimena ni Letizia. Tampoco Isabel. Los foros de internet se han acercado bastante. La Princesa guardaba su as debajo de la manga. Así fue en el caso de Leonor y así ha sido con esta nueva hija. El santoral y el Gotha están cuajados de nombres insólitos para cuya pronunciación se requiere un aprendizaje de nueve meses, pero no ha hecho falta. La segunda hija de los Príncipes de Asturias se llamará Sofía, un nombre clásico y bello, de una eufonía musical. Sofía como su abuela, como la Reina.

La entrada de la clínica Ruber parece la Gran Vía. Unidades de televisión, fotógrafos, reporteros y curiosos. La coincidencia de días festivos ha convertido la clínica en destino de una romería urbana. Ni el zoo ni Xanadú, la clínica Rúber Internacional.

En ella está el corazón de la ciudad y la mirada del periodismo. Allí se abren los telediarios, llegan coches de cristales ahumados y saludan los miembros de la Familia Real levantando la mano a la concurrencia. Allí está el ombligo de España, esa noticia que incluso despierta a los republicanos recalcitrantes. Allí, Sagrario Ruiz de Apodaca y Alejandra Herranz harán sus crónicas más felices. Llegarán cestos de flores por decenas, y Raúl del Pozo dirá, esbozando su sonrisa destroyer: «Una boca más para el presupuesto».

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