Mientras ciertos medios de comunicación celebraban con euforia el aniversario de la legalización del PC, leí en ABC una entrevista de J. P. Quiñonero al historiador Joaquín Romero-Maura, quien decía: "Parece como si en la España de hoy se hubiese olvidado que aquella forma de ser de la derecha (la importancia y necesidad de ganarse la consideración del electorado) es, mutatis mutandis, una de las alternativas posibles". Y se refería a la Restauración, al inicio de la Segunda República, y concluía: "Para que se conviva hace falta un sistema adecuado". Mientras, hoy vamos a grito pelado.

La legalización del PC fue un notición, pero en su momento no la vi tan decisiva, ni la gente manifestó el gran entusiasmo que se dice ahora. Pues era evidente que obedecía a que el PC creía que le convenía legalizarse, ya que sabía manejar la opinión pública europea y confiaba medrar así, y a que la derecha no lo juzgaba ya un peligro. Y tuvo razón: el electorado arrinconó a los comunistas, ajeno a su charloteo. Y a los ultras fascistas, que hasta recurrieron al terrorismo. Como la gente rechazó el franquismo aún engominado, aquella AP. Así en este aniversario hubiera sido mejor saber qué pensó entonces la derecha con poder diverso, la ciudadanía consciente, y dejarse de Carrillo vendiendo la moto. Pues ¿qué europeo con sentido de la historia puede dejarse engatusar por un fracasado comunista o franquista? Porque si el régimen soviético fue un abismo, el de nuestro general fue una befa y muchos de los rescoldos que empañan la actual convivencia se basan en fraudes aún franquistas, como esa España que se rompe. Porque sólo es la suya y ya está hasta enterrada. Mientras la deseable es la que haga las veces de plaza pública y abierta.

Con la izquierda ya sabemos qué ocurrió: los socialistas pactaron y se llevaron al electorado masivo, al revés que los comunistas, porque remitían a la Europa encarada al futuro. Como el catalanismo pactista, que triunfó en las urnas. Y si la derecha no se benefició electoralmente de ello, permitió de forma implícita que el PSOE y CDC ganaran, el pactismo o auténtico patriotismo. La figura de la época, el Rey, mostrando a Suárez en el escaparate, articuló con intuición y convicción el sistema y clima adecuados.

Pero ¿por qué hoy esta derecha sestea y el PP anda crispado? Hay ahí un misterio. Otra cosa fue en Catalunya la abstención ante el Estatut: fue realismo, no escapismo. Releyamos, pues, la transición para que aún nos sea útil, pues ese actual andar a cara de perro nos la vende en boca de los extremismos como una operación pastelera y obligada, cuando ha sido lo mejor que hemos hecho en un siglo.