Opacidad municipal
Las octavas elecciones municipales del actual periodo democrático de España no llegan en el mejor de los momentos para la clase política. Los escándalos urbanísticos en ciudades como Marbella, Andratx o Telde han sembrado la sombra de la corrupción sobre los ayuntamientos españoles y las denuncias contra alcaldes y ediles de urbanismo se han multiplicado en cada esquina de la geografía nacional.
Los mencionados casos, especialmente el de Marbella, han demostrado a la opinión pública hasta qué punto la corrupción ha podido sumergir sus tentáculos en el sistema democrático, sustrayendo cientos de millones del patrimonio marbellí para reconducirlos hacia bolsillos privados. Las investigaciones de la operación Malaya han permitido descubrir el complejo entramado que supuestamente dirigía Juan Antonio Roca, a quien la policía relaciona con unas 400 empresas creadas para enturbiar el rastro de la corrupción. El grado de complejidad de lo ocurrido en Marbella ha llevado a valorar a los responsables de la investigación que se necesitarán más de cuatro años para esclarecer todo el entramado estructurado por Roca y sus socios para transformar la bella localidad de la Costa del Sol en el negocio de unos pocos.
Políticos vendidos
Principalmente lo ocurrido en Marbella, pero también en otros lugares, no ha tardado apenas tiempo en trasladar a los ciudadanos la imagen del político al servicio de los ambiciosos promotores inmobiliarios. Manuel Villoria, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, explica a La Vanguardia que lo sucedido en los últimos meses dejará a buen seguro huella en las encuestas sobre la sensación de corrupción que tienen los españoles de sus propias instituciones. "Creo que se ha extendido una visión cínica de la política que alejará a los ciudadanos de ella", dice Villoria. Claro que, a su juicio, tanto la mayoría de los españoles como los propios expertos en la materia ya sabían que se producía una clara connivencia entre políticos y constructores. "Lo que nos ha sorprendido a todos es la dimensión del fenómeno", admite el catedrático, experto en temas de corrupción.
Yes que, según explica Jesús Lizcano, presidente de la organización Transparency Internacional España, "los ayuntamientos españoles son completamente opacos. Nadie se entera de lo que allí se hace ni antes ni después". Este profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid explica que España necesita una ley de información pública que obligue a los consistorios a poner todo a disposición de los ciudadanos.
"Pero no en un archivo inaccesible - prosigue Lizcano-, sino a través de internet, para que todo el mundo pueda verla. Hace falta un esfuerzo de transparencia". La organización que preside tiene previsto iniciar en los próximos meses la confección de un ranking de transparencia entre los 180 municipios más importantes de toda España.
El profesor de Filosofía del Derecho de la Universitat Pompeu Fabra Jorge Malem opina que siempre ha habido corrupción en los ayuntamientos, aunque cree que ahora es más visible. "Destapar la corrupción siempre es difícil, lo que pasa es que ahora hay más medios y más voluntad de destapar esos casos", explica.
Y las cifras de la fiscalía anticorrupción no le desmienten. La reciente memoria del 2006 de este órgano que centraliza los casos más graves pone de manifiesto que el año pasado se presentaron en sus oficinas 544 denuncias, frente a las 107 del 2005. No quiere decir eso que todas las denuncias se investiguen desde los órganos centrales de la fiscalía. La mayoría se remiten a sus propias jurisdicciones. Pero de los 18 casos en los que trabajaba hace 10 años se ha pasado a los 62 que tienen entre manos los 15 fiscales que integran este departamento tan especializado.
Claro que los asuntos que abordan los expertos en delitos vinculados al urbanismo son sólo la punta del iceberg de la corrupción. Porque a diario se cometen en los ayuntamientos actos corruptos que la población interpreta, sin embargo, dentro de la normalidad.
"El número de funcionarios municipales nombrados por cuestiones de amistad y pertenencia al partido se ha generalizado en los últimos años ", asegura contundente Manuel Villoria. En algunos consistorios españoles se observa con naturalidad que tres o cuatro miembros de una misma familia formen parte de su plantilla de funcionarios, aunque la posibilidad de que todos ellos hayan ingresado tras demostrar mayores méritos personales que el resto de aspirantes vaya radicalmente en contra de cualquier lógica.
El Estado, mi hacienda
Cecilia Blondet, de la asociación Proética de Perú, explica que en su país muchos cargos públicos no tienen claro dónde está el espacio público y el privado. Esto es, durante su mandato, muchos alcaldes dirigen los ayuntamientos como si fuese su propia casa, empleando a sus familiares como si eso fuese un derecho inherente al cargo. "El Estado es mi chacra (mi hacienda)". La frase peruana sintetiza el pensar en muchos de los pueblos peruanos del interior. "La gente en mi país pasa de ver las cosas con normalidad a perseguir con violencia al corrupto. Parecen no tener término medio", explica.
"La corrupción tiene que ver con la manera en que entendemos lo público. Y cuando lo único que nos preocupa es la forma más rápida de resolver nuestro problema personal siempre surge quien, a cambio de un premio, se deja corromper". El análisis es de Merche Freitas, de Transparency Internacional en Venezuela, uno de los países con menor grado de transparencia del mundo, donde la inmensa mayoría de los ciudadanos sostiene que los demás son todos unos corruptos, pero ellos no.
En España, prácticamente nadie se confesaría un corrupto, pero muchos estarían dispuestos a hacer trampas para colar a su hijo en el colegio que desean, para saltarse una lista de espera y que le operen de una dolencia aunque pasen por delante de cientos de personas o circunstancias, para que les den el empleo que en justicia le debería corresponder a otro o para obtener la vivienda protegida que es muy probable que merecería alguien con aún menos recursos.
El profesor Malem apunta de forma intuitiva que "cada vez más, uno tiene la sensación de que hay en España una falta de adhesión al sistema democrático. De educación para la democracia". Y ofrece una respuesta personal: "Finlandia es, no creo que por casualidad, el país con el mejor sistema educativo del mundo y el que figura en primer lugar en cuanto niveles más bajos de corrupción. Saque usted sus conclusiones".

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